LOS OPRIMIDOS.pdf

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escabrosos años de permanencia tras los muros de la prisión. En cierto modo, me
resulta imposible abandonar esta copiosa tarea que me propuesto culminar como sea y
por encima de lo que sea, después de haber bebido ese trago amargo del sufrimiento y el
dolor. El anchuroso mar de mis pensamientos no deja de golpear con sus olas
enfurecidas, porque no resiste por más tiempo ese cuerpo muerto y quiere eructarlo para
exhibirlo en la playa. Es como un volcán en erupción que le es imposible resistir por un
minuto más su lava y sólo desea vomitar lo que contiene su henchido interior que
taladra sin cesar... esa onerosa carga de angustia que un ser puede sentir en carne
propia.
Para llevar a cabo esta labranza que me estoy proponiendo, sólo dispongo de un
pedazo de lápiz y unas cuantas hojas de papel copia, las cuales ha sido tan amable
regalarme otro amigo llamado Gustavo Andrade. El problema prioritario lo constituye
la dificultad que representa sacarle punta a mi herramienta de trabajo, el pedazo de
lápiz. Para tal efecto, tengo que ingeniármelas utilizando el piso rústico o valerme de los
servicios de un guardián quién no da muestras de mucha disposición en cuanto a
colaborarme en mi idea de hacer conocer públicamente lo ignorado por muchos. Me
tocará pues, que circunscribir mi inspiración al mismo ámbito de la propia voluntad y de
deseo de colaboración de este señor guardián. En fin, en un sitio como la prisión, si se
desea progresar en cualquier campo, hay que ser recursivo. Por ejemplo, en mi caso,
todo radica de un pedazo de lápiz con buena punta para poder escribir sin
complicaciones, esta es la razón por la cual estoy sufriendo.
Desde mucho tiempo atrás, me acosaba la inquietud de escribir, expresar ese ígneo
centro de energías que he fecundado con ahínco dentro de mi ser. Pero no podía
encontrar la manera de hacerlo... Desde muchos meses atrás venia tratando o por lo
menos intentándolo, pero no lograba enfocar la manera viable o la más apropiada de
acomodar y así manifestar mis pensamientos, poner en orden mis ideas, experiencias y
recuerdos. Espontáneamente, he logrado hacer algunos versos, requiriendo estos de un
don de profecía cósmica, de lo cual quiero reconocer que no poseo esa gran idea.
Estaría engañándome yo mismo, si les dijera que soy un novelista. Como es bien sabido,
la novela es un espejismo de lo real; un sendero que conduce siempre por los momentos
risibles de la vida. Nunca acaba ni conlleva por los vericuetos dolorosos y trágicos,
porque la realidad es la realidad. Algunos filósofos han sostenido que la
Novela es como un espejo en el camino. Respeto esa tesis, pero no la puedo compartir.
En mi condición de prisionero, no puedo ver por ningún lado, caminos que puedan
conducirnos a ninguna parte; si podrán haber algunos espejos, pero el único camino
que conduce a la libertad es muy restringido. En mi sombrío concepto diría que esto
puede ser una autentica obra de teatro, porque tiene mucha semejanza, pero tengo mis
razones para asegurar que el teatro plagia grotescamente los acontecimientos reales.
Por eso el teatro no deja de producirme aún más horror que encarar los sufrimientos de
la misma vida. ¡Tampoco son mis memorias! Porque aún cuento con algo de vergüenza
para ponerme hablar de esto. Hablando con la más completa sinceridad, las memorias
se constituyen en una autovenganza de la vida, algo así como si uno mismo se suicidara.
Con relación a este sistema o modalidad, es mejor dejárselo a los expresidentes en
declínío, darles la oportunidad a unas cuantas damas de la alta sociedad a quienes les
encanta coquetear escribiendo esas tonterías y se enorgullecen llamándolas sus
“memorias”. En mi concepto los ensayos continúan siendo un enigma, por eso se
encuentran dentro de las tantas cosas que detesto en la vida, esto no deja de ser más que
filosofía periodística, algo tan comparable a ser y no ser, como dice un célebre
personaje: “ sin querer queriendo”, del cual su más fiel admirador.
