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Ajedrez Escolar, y así mismo impacta ver obras de consagrados
compositores del orbe como Emil Melnichenko, Ernest Levonovich
Pogosiants, Frédéric Lazard, Sam Loyd, etc. es algo fuera de lo
común; lo que sin duda suele no abundar en los ámbitos de la
cultura donde se tratan estos temas. Creo que conducir, motivar e
inducir, a los encargados de impartir enseñanzas ya sean estos
notables profesores y maestros como simples diletantes en la
materia, a que empleen lo más puro del arte ajedrecístico, la
composición artística, algo sin duda intrínseco a su naturaleza como
juego, competencia y ciencia como se lo suele denominar al ajedrez;
aunque por lo general se hace abstracción del profundo e inmanente
contenido artístico en la propia naturaleza del ajedrez en cuanto a las
enormes posibilidades creativas existentes; e incluso considerando a
este juego bajo un prisma más amplio donde el arte es una forma
estética especial de la autoconciencia social. El
Prof. Zoilo R.
Caputto, en un pasaje de su obra El arte del Estudio de ajedrez,
refiriéndose a este tema decía que: “… lamentablemente el lado
artístico del ajedrez es todavía el menos difundido y el menos
apreciado, porque la sociedad en la cual vivimos está dominada cada
vez más por el exitismo de los resultados materiales…”.
Casi me atrevería a asegurar que algo de esto deben haber
vislumbrado los autores cuando pergeñaron esta herramienta para la
enseñanza como ellos la denominan, pues incluir problemas y
Estudios configura una apuesta singularmente innovadora. Creo que
es mucho más correcto decir FINALES ARTÍSTICOS, pues la palabra
Estudio, proveniente de los compositores ingleses (Study), sin ser
incorrecta, no nos está indicando, al menos en nuestra rica lengua
castellana (no pretendo, por supuesto, entrar en una bizantina
discusión semántica), la real dimensión artística de un final de partida
ya sea este producto de la imaginación del ejecutante en cuanto a
obra compuesta, ya sea producto de la creatividad plasmada en la
partida en vivo.
Cuando vi un trabajo de Philip Stamma (siglo XVIII) pensé que una
obra de más de más de 250 años de antigüedad se empleara para
que los pibes argentinos se introdujeran en el mágico y misterioso
mundo del arte ajedrecístico era no sólo una novedad, sino también
un acierto inteligente de un grupo de jóvenes compatriotas, que a
pesar de las intrínsecas complejidades de la época felizmente todavía
no han perdido las utopías que dinamizan y nos motivan a continuar
bregando por una sociedad más justa, participativa e inclusiva.
Es claro que la obra que comentamos posee también muy
interesantes capítulos, que lamentablemente por lo acotado del
espacio disponible no es imposible adentrarnos en ellos como
merecen, pero aún así debo decir que me impactaron los referidos a
Pensar y planificar la clase de ajedrez, Estrategia del ajedrez escolar,
Ajedrez y narraciones, Problemas, problemas y más problemas.
Estrategia del ajedrez escolar, es un denso y bien logrado intento de,
en primer lugar, diferenciar lo que pareciera una simple cuestión
