LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf

Vista previa de texto
7. Y haré volver los cautivos de Judá y los cautivos de Israel, y los restableceré
como al principio.
Por fin le es revelado el misterio a Jeremías: La mente de Dios y sus planes son
amplios y llenos de misericordia, más allá de lo que los hombres sabemos o
comprendemos. Los planes de Dios están mucho más allá de lo que nosotros
creemos, vemos, sentimos o aspiramos. Amados hermanos, nuestros
intereses, nuestros deseos y nuestro prestigio personal no valen una pizca
en el ámbito profético.
Los profetas fueron elevados, fueron forzados a entrar en la mente de Dios.
¿Queremos seguir al todopoderoso en su profunda palabra?…entonces habremos
de entrar al nivel del clamor: Una angustia profunda por conocer los misterios de
Dios. (Dn.9:12). Estas son algunas de las materias de la escuela que cursaron los
antiguos profetas de la biblia, materias que, como ya mencione, no se enseñan en
nuestras escuelas de teología.
Amados hermanos, en estos relatos bíblicos yacen los secretos para que
podamos adentrarnos y avanzar en el estudio de la profecía bíblica. Para entender
las palabras de los profetas es necesario ser humildes, no ser necios, no ser
tardos de corazón para creerles a ellos. Debemos esperar a ser invitados al
secreto de Dios, incluso, debemos clamar y aun llorar ante Dios, para entender la
profecía bíblica. Sí, debemos clamar y llorar para entender la profecía bíblica:
Si los profetas lloraron y clamaron ¿Cuánto más nosotros que estudiamos su
mensaje? Pero a causa de nuestra propia condición siempre será mucho más fácil
concebir ideas, adoptar las ajenas, las populares, y esgrimir teorías y conceptos
de la tradición en lugar de ir a la fuente para pedirle, y aun rogarle que nos
enseñe.
Esto es muy interesante: La confusión en los temas proféticos emana de la
condición de nuestro propio espíritu, y de nuestra actitud ante el dueño de la
palabra. Los profetas de la biblia estaban en una frecuencia que nos es difícil
percibir a nosotros, aunque no es imposible. Entonces, debemos añadir a la lista
de los impedimentos naturales la falta de oración y clamor a Dios.
Hermano mío, ¿Clamaras y lloraras para entender un asunto profético? ¿Te
afligirás y te humillaras ante Dios para entender un misterio profético?
¿Buscaras al Señor en oración, ruego y ayuno para entender la profecía bíblica?
(Dn.9:2-3,10:1-3). Si no logramos humillarnos ante el dueño de la palabra
profética, los misterios bíblicos permanecerán insolutos delante de nosotros.
Esos ejemplos están en las escrituras para nuestra enseñanza personal sobre la
forma correcta de abordar la profecía bíblica. ¿Por qué no entendemos la profecía
bíblica? Porque estamos en otra frecuencia; hablamos otro lenguaje. No estamos
a tono con el dueño de la profecía. No se trata solamente de informarnos sobre el
tema, sino de captar el espíritu de la profecía. Meditemos en esta declaración del
Señor:
54
