LA PARABOLA DE LA HIGUERA (3).pdf


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de añadir o quitar a la escritura, convirtiéndonos así en maestros mentirosos. Esto
es algo muy grave; porque una cosa es estar equivocado en la comprensión o la
aplicación de algún concepto o pasaje bíblico. Pero quien añade conceptos la
escritura que no están en el texto sagrado, es un maestro de mentira, o un
maestro mentiroso. Quien tergiversa los textos bíblicos añadiendo sus propias
ideas, es reprendido y es hallado mentiroso, porque él sabe que la escritura no
dice lo que él pretende, y sin embargo, se sostiene empecinadamente. “No añadas
a sus palabras”, dice la escritura. De nuevo, el error está en el espíritu del
hombre. ¡Dios nos libre!
La comprensión de la profecía bíblica, al igual que el yugo y la carga que Jesús
nos impone, es fácil y ligera, solamente cuando somos mansos y humildes de
corazón. Esta parte del cultivo personal, en el despojamiento de nuestro ego, en
humildad, oración y clamor, es quizá la parte más difícil, y la más desconocida
para todo estudiante de la biblia. Amado hermano, ¿Alguna vez has llorado y
clamado a Dios para entender un misterio bíblico?…Si somos ajenos a estas
experiencias ¿Cómo pretender que somos expertos en este sagrado campo?
Nuestra misma pretensión es un síntoma de que estamos ciegos.
HERRÁIS IGNORANDO LAS ESCRITURAS Y EL PODER DE DIOS
En cuanto a los datos bíblicos, es imperdonable no leer y escudriñar lo que dice la
biblia, si es que pretendemos estudiar la profecía bíblica. Los Saduceos erraban
por ignorar las escrituras, y también el poder de Dios. En cambio, el hombre ciego
de nacimiento quizá ignoraba las escrituras, pero había probado el poder de Dios:
“Una cosa sé, que estando yo ciego, ahora veo”. (Jn.9:25-41). En este relato se
echa de ver quien estaba más ciego y cuál era el problema de fondo. Hablando de
los datos bíblicos, y si pretendemos entrar en la profecía bíblica, no podemos ser
ignorantes de lo que dicen escrituras. (Mt.21.16, Mr.2:25, Lc.10:26,). Sin embargo,
es mucho más grave que, aun escudriñando las escrituras, no podamos ver en
ellas al autor de la salvación de los hombres y su obra, porque esta
incapacidad definitivamente echaría por la borda todos nuestros esfuerzos en el
estudio de la profecía. Todos los datos que acumuláramos serian en vano, porque
“su palabra no estaría morando en nosotros”, es decir, si es que no podemos ver
al salvador en las escrituras:
(Jn.5:38-39)“ni tenéis su palabra morando en vosotros; porque a quien él envió,
vosotros no creéis.39. Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que
en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40. Y no
queréis venir a mí para que tengáis vida”.
Si nuestro estudio de la profecía bíblica no nos lleva a Jesucristo y su obra,
podemos manejar muchos datos y conceptos, pero la palabra de Dios no estaría
morando en nosotros. Me refiero aquí al correcto enfoque general de la profecía
bíblica: No se trata de un concepto, sino de un espíritu morando en nosotros. A lo
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