Revista Ambiente Siglo XXI. N° 11.marzo 2008.pdf


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Volumen 1,



11.

Ambiente

Siglo

XXI

Página 6

SEMÁFORO ECOLÓGICO
Impacto de la agricultura
sobre la población humana
M.Sc. Rosalía C. Paz

Antes de la agricultura, el hombre no era capaz de decidir sobre sus
recursos de subsistencia. Estaba a merced de su suerte y de la disponibilidad de alimento del medio, limitando este el número de individuos. Con una producción aumentada de alimento, las restricciones
al aumento poblacional cesaron, y dieron inicio al crecimiento exponencial de la población humana.

Los conocimientos históricos indican que
hace sólo unos 100.000 años –unas 3 500 generaciones– el hombre abandonó las sabanas del
África oriental para extenderse por todo el planeta. Durante ese periodo, el hombre evolucionó
lentamente, con un estilo de vida nómada y un
sistema de subsistencia basado en la caza y en la
recolección de alimentos. Con el desarrollo de la
agricultura y la ganadería (10.000 años atrás–
unas 350 generaciones) se inició un lento proceso
de selección artificial de plantas y animales que
culminó con la domesticación de los mismos. Este proceso resultó clave en la evolución social,
tecnológica, cultural y en el impacto sobre el ambiente. Cuando la especie humana desarrolló la
agricultura, se estima que su población no pasaba de 5 millones. Hacia el año 400 aC se calcula
que la población alcanzó los 150 millones y para
el principio de la Era Cristiana saltó a 250 millones (ONU, 2005).
La explosión demográfica mundial que vemos en los días actuales se atribuye a distintos
factores. Primero los avances en la medicina a
mediados de los siglos XIX, con el descubrimiento
de los microorganismos como fuentes principales
de un gran número de enfermedades, el desarrollo de vacunas y el descubrimiento de los antibióticos. Con estos adelantos médicos básicos se
mejoraron la salud (disminuyendo las tasas de
mortalidad) y la esperanza de vida de los habitantes de muchas partes del mundo acelerando el
crecimiento poblacional. Por otro lado, en términos de oferta y demanda de alimentos para el
consumo humano, la aplicación de la ciencia a la
producción de alimentos tuvo como resultado el

aumento de la producción por unidad de superficie o por animal. La explotación de diversas fuentes de energía en forma de combustibles fósiles
fue básica para el desarrollo industrial, aportando la energía necesaria para crear esas áreas de
cultivo, explotar y cosechar enormes cantidades
de alimento, y su transporte a todas partes del
mundo (ONU, 2005).
Durante este periodo relativamente breve,
los recursos alimentarios mundiales crecieron de
forma notable, y la población humana se multiplicó aún más, llegando hacia el siglo XVIII a 800
millones de habitantes. No obstante, poco a poco
se concluyó que la producción de alimentos no
podría mantenerse de forma indefinida a la altura
de un crecimiento demográfico incontrolado. En
1798, el economista Thomas Robert Malthus resumió así este punto de vista: “... la población, en
ausencia de cortapisas, crece en progresión geométrica. Los medios de subsistencia crecen tan
sólo en progresión aritmética” (ONU, 2005).
A pesar de este panorama pesimista, los
avances científicos y tecnológicos logrados a finales del siglo XIX gracias a la Revolución Industrial
llevaron a la Revolución Agrícola en Inglaterra y
norte de Europa permitiendo el aumento de la
producción de alimentos. Por un lado, la mecanización, característica más destacada de la agricultura de esa época, alivió el agotador trabajo
del agricultor, multiplicando la eficiencia y productividad de las explotaciones agrícolas. Por otro
lado el desarrollo de agentes químicos como los
fertilizantes, inoculantes, insecticidas y fungicidas permitió mejorar los rendimientos (Bloom
and Planning, 2005).
Con una provisión de alimentos excedente,
y con mejorías en las condiciones y en la calidad
de vida gracias al desarrollo de la ciencia y la tecnología, el siglo XX ha sido testigo de un extraordinario crecimiento de la población mundial, de
1.600 millones a 6.100 millones de personas; el
80% de ese aumento tuvo lugar después de 1950
(Fig. 1). Este rápido crecimiento demográfico fue
ocasionado por notables reducciones de la mortalidad, especialmente en las regiones menos desarrolladas, en las que la esperanza media de vida
al nacer aumentó en más de 20 años durante la
segunda mitad del siglo. Como resultado, la población mundial ha aumentado cerca de un 150%
desde 1950, con una tasa de crecimiento que alcanzó el 2,04% anual a fines del decenio de 1960.
(ONU, 2005).