Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
and the minotaur, Nueva York, Harper Colophon Books, 1977; Nancy Chodorow, The reproduction of
mothering, Berkeley, University of California Press, 1978, y Jane Flax, “The conflict between nurturance
and autonomy in mother-daugther relationships and within feminism”, Feminist Studies, vol. 4, 2, junio de
1978, pp. 141-189.
24
Kate Millett, Sexual politics, Nueva York, Avon Books, 1971, p. 25 (La política sexual, Madrid, Aguilar,
1977).
25
Un ejemplo de este tipo de historia feminista radical es la de Susan Brownmiller, Against our will. Men,
women and rape, Nueva York, Simon & Schuster, 1975.
26
Sobre la concepción del patriarcado en la ciencia social burguesa, véase, pore ejemplo, la distinción de
Weber entre autoridad tradicional y autoridad legal, en Talcott Parsons, comp., Max Weber: the theories
of social and economic organization, Nueva York, The Free Press, 1964, pp. 328-357. Esta concepción
es analizada también en Elisabeth Fee, “The sexual politics of Victorian social anthropology”, Feminist
Studies, vol. 1, 3/4, invierno-primavera de 1973, pp. 23-39, y en Robert A. Nisbet, The sociological
tradition, Nueva York, Basic Books, 1966, especialmente cap. 3, “Community”.
27
Véase Viana Muller, “The formation of the State and the oppresion of women: some theoretical
considerations and a case study in England and Wales”, Review of Radical Political Economics, volumen
9, 3, otoño de 1977, p.p. 7-21.
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Las formas concretas en que el hombre controla el acceso de la mujer a importantes recursos y
restringe su sexualidad varían enormemente, tanto de una sociedad a otra como de un subgrupo a otro y
de una época a otra. Los ejemplos que utilizamos en este apartado para ilustrar lo que es el patriarcado
están basados, sin embargo, en las experiencias de las mujeres blancas en los países capitalistas
occidentales. Esta diversidad queda de manifesto en Towards an antropology of women, Rayna Rapp
Reiter, comp., Nueva York, Monthly Review Press, 1975; Women, culture and society, Michelle Rosaldo y
Louise Lanphere, comps., Stanford (California), Stanford University Press, 1974, y Females, males,
families: a biosocial approach, de Lila Leibowitz, North Scituate (Massachusetts), Duxbury Press, 1978. El
control de la sexualidad de la mujer va estrechamente unido al lugar que ocupan los hijos. La demanda de
niños (por parte de los hombres y de los capitalistas) es crucial para comprender los cambios en la
subordinación de la mujer.
Allí donde se necesiten niños por su fuerza de trabajo actual o futura, la sexualidad de la mujer tenderá a
ser encaminada hacia la reproducción y la crianza de los hijos. Cuando los hijos sean considerados
superfluos, se fomentará la sexualidad de la mujer con fines ajenos a la reproducción, pero el hombre
intentará destinarla a satisfacer las necesidades masculinas. La chica del Cosmopolitan es un buen
ejemplo de mujer “liberada” del cuidado de los hijos sólo para acabar dedicando todas su energías a
atraer y satisfacer a los hombres. Los capitalistas pueden también utilizar la sexualidad femenina para sus
propios fines, como demuestra el éxito de Cosmopolitan anunciando productos de consumo.
29
Gayle Rubin, “The traffic in women”, en Reiter, comp., Antropology of women, p. 159.
30
Himmelweit y Mohun señalan que ambos aspectos de la producción (hombres y cosas) son lógicamente
necesarios para describir un modo de producción, ya que, por definición, un modo de producción debe ser
capaz de reproducirse. Ninguno de estos aspectos es por sí solo autosuficiente. En otras palabras: para la
producción de cosas se requieren hombres, y para la producción de hombres se requieren cosas. Aunque
Marx reconoció la necesidad de hombres del capitalismo, no se preocupó por averiguar cómo eran
producidos o qué conexiones había entre los dos aspectos de la producción. Véase Himmelweit y Mohun,
“Domestic labour and capital” (nota 20 supra).
31
Para un excelente análisis de una de estas transiciones al socialismo, véase Batya Weinbaum, “Women
in transition to socialism: perspectives on the Chinese case”, Review of Radical Political Economics, vol. 8,
1, primavera de 1976, pp.34-58.
32
Es importante recordar que en la era preindustrial la mujer contribuía en buena medida a la subsistencia
de su familia, ya fuera participando en una artesanía familiar o en las actividades agrícolas. El comienzo
del trabajo asalariado permitió y exigió a la mujer que esta contribución se ralizara indedendientemente
del hombre en la familia. La novedad, pues, no estuvo en que la mujer ganara unos ingresos, sino en que
los ganara al margen del control de su marido o de su padre. Alice Clark, The working life of woman in the
seventeenth century, Nueva York, Kelly, 1969, e Ivy Pinchbeck, Women workers in the Industrial
Revolution, 1750-1850, Nueva York, Kelly, 1969, describen el papel económico de la mujer en la era
preindustrial y los cambios que se produjeron a medida que progresó el capitalismo. Parece ser que ni
Marx, ni Engels, ni Kautsky fueron plenamente conscientes del papel económico de la mujer antes del
capitalismo.
33
Karl Kautsky, The class struggle, Nueva York, Norton, 1971, pp. 25-26.
34
Podríamos añadir: “fuera del hogar”, Kautsky, Class struggle, p. 26; el subrayado es nuestro.
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