Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
capitalismo, cit.); Margaret Coulson, Branka Magas y Hilary Wainwright, “The housewife and her labour
under capitalism. A critique”, New Left Review, 89, enero-febrero de 1975, páginas 59-71 (“El ama de
casa y su trabajo en el sistema capitalista”, en Fini Rubio, comp., Marxismo y liberación de la mujer,
Madrid, Dédalo, 1977); Jean Gardiner, “Women’s domestic labour”, New Left Review, 89, enero-febrero
de 1975, páginas 47-58 (“El papel del trabajo doméstico”, en El ama de casa bajo el capitalismo, cit.); Ian
Gough y John Harrison, “Unproductive labour and housework again”, Bulletin of the Conference of
Socialist Economists, 11, junio de 1975 (“El trabajo doméstico de la mujer”, En Teoría, 4, enero-marzo de
1980); Wally Seccombe, “Domestic labour: reply to critics”, New Left Review, 94, noviembre-diciembre de
1975, pp. 85-96; Terry Fee, “Domestic labour: an analysis of housework and its relation to the production
process”, Review of Radical Political Economics, vol. 8, 1, primavera de 1976, pp. 1-8; Susan Himmelweit
y Simon Mohun, “Domestic labour and capital”, Cambridge Journal of Economics, vol. 1, 1, marzo de
1977, pp. 15-31.
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En Estados Unidos, la crítica política más frecuente a los grupos que reclaman un salario para el trabajo
doméstico ha sido la de oportunismo.
12
Laura Oren lo documenta para la clase obrera en “The welfare of women in laboring families: England,
1860-1950)”, Feminist Studies, vol. 1, 3/4, invierno-primavera de 1973, pp. 107-25.
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El fallecido Stephen Hymer nos señaló un fallo básico en el análisis que hace Engels en El origen de la
familia, fallo que se debe a que Engels no analiza el proceso de trabajo dentro de la familia. Engels
afirma que los hombres impusieron la monogamia porque querían dejar su propiedad a sus hijos. Hymer
mantenía que, lejos de ser un “regalo”, entre la pequeña burguesía la posible herencia es utilizada como
amenaza a fin de que los hijos trabajen para sus padres. Hay que considerar el proceso de trabajo y ver
quién se beneficia del trabajo de quién.
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Esta es una paráfrasis. Karl Marx escribió: “La conservación y reproducción constantes de la clase
obrera siguen siendo una condición constante para la reproducción del capital. El capitalista puede
abandonar confiadamente el desempeño de esa tarea a los instintos de conservación y reproducción de
los obreros”. Capital, Nueva York, International Publishers, 1967, I, p. 572 (El Capital, Madrid, Siglo XXI,
1975, libro I, p. 704).
15
Harry Braverman, Labour and monopoly capital, Nueva York, Monthly Review Press, 1975.
16
Julliet Mitchell, Women’s estate, Nueva York, Vintage Books, 1973, p. 92 (La condición de la mujer,
Barcelona, Anagrama, 1977).
17
Engels, Origins, “Preface to the first edition”, páginas 71-72 (prefacio a la primera edición de El origen
de la familia, en K. Marx y F. Engels, Obras escogidas, II, p. 178). La continuación de esta cita dice así:
“...por el grado de desarrollo del trabajo, de una parte, y de la familia, de la otra”. Es interesante que el
trabajo sea implícitamente excluido del seno de la familia; éste es precisamente el fallo que queremos
corregir en este ensayo.
18
Juliet Mitchell, “Women: the longest revolution”, New Left Review, 40, noviembre-diciembre de 1966,
pp. 11-37, reeditado por New England Free Press (“Las mujeres: la revolución más larga”, en Margaret
Randall, comp., Las mujeres, México, Siglo XXI, 1970).
19
Juliet Mitchell, Psychoanalysis and feminism, Nueva York, Pantheon Books, 1974 (Psicoanálisis y
feminismo, Barcelona, Anagrama, 1977).
20
Mitchell, Psychoanalysis, p. 412.
21
Shulamith Firestone. The dialectic of sex, Nueva York, Bantam Books, 1971 (La dialéctica sexual,
Barcelona, Kayrós, 1976).
22
“Politics of ego: a manifesto for New York Radical Feminists” se encuentra en Judith Hole y Ellen
Levine, comps., Rebirth of feminism, Nueva York, Quadrangle Books, 1971, pp. 440-443. Las “feministas
radicales” son las que afirman que la dinámica más importante de la historia es el esfuerzo del hombre
por dominar a la mujer. En este contexto “radical” no significa anticapitalista, socialista, contracultural,
etc., sino que reviste el significado específico de este determinado conjunto de creencias feministas.
Otros escritos de feministas radicales, de las cuales las de Nueva York fueron probablemente las más
influyentes, pueden encontrarse en Ann Koedt, comp., Radical feminism, Nueva York, Quadrangle Press,
1972.
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El enfoque del poder fue un importante paso adelante en la crítica feminista de Freud. Firestone afirma,
por ejemplo, que si las niñas “envidiaban” el pene de los niños era porque sabían que al crecer éstos se
convertirían en miembros de una clase poderosa, mientras que las niñas al crecer serían dominadas por
ellos. El fondo de la cuestión de la mujer no era la neurosis, sino la falta de poder. Más recientemente,
las feministas han criticado a Firestone por negar la utilidad del concepto de inconsciente. Tratando de
explicar la fuerza y la continuidad del predominio masculino, los últimos escritos feministas han insistido
en la naturaleza fundamental de las diferencias de personalidad basadas en el género, sus orígenes en el
inconsciente y la consiguiente dificultad de su erradicación. Véanse Dorothy Dinnerstein, The mermaid
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