Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
considerado una crisis. En la última de las grandes crisis económicas, la de la década
de los treinta, el desempleo se subsanó en parte excluyendo a la mujer de todo tipo de
trabajos: si había de haber un solo empleo remunerado por familia, ese empleo era
para el hombre. El capitalismo y el patriarcado salieron reforzados de la crisis. Del
mismo modo que las crisis económicas cumplen una función restauradora para el
capitalismo al corregir los desequilibrios, pueden también desempeñarla para el
patriarcado. Los años treinta pusieron a la mujer en su sitio.
La lucha contra el capital y el patriarcado no tendrá éxito si se renuncia al estudio y a
la práctica de las cuestiones del feminismo. Una lucha dirigida sólo contra las
relaciones capitalistas de opresión estará condenada al fracaso, ya que se pasarán
por alto las relaciones patriarcales de opresión que le sirven de base. Y el análisis del
patriarcado es esencial para una definición del tipo de socialismo capaz de destruir el
patriarcado, el único tipo de socialismo útil para la mujer. Aunque hombres y mujeres
compartan la necesidad de acabar con el capitalismo, siguen conservando los
intereses propios de su género. Ni nuestro bosquejo, ni la historia, ni los socialistas de
género masculino ponen en claro si el socialismo por el que luchan hombres y mujeres
es el mismo. Porque un “socialismo humano” requeriría no sólo un consenso sobre
cómo debería ser la nueva sociedad y cómo debería ser una persona sana, sino más
concretamente que los hombres renunciaran a sus privilegios.
Como mujeres, no debemos permitir que nos hablen de la urgencia y la importancia de
nuestras tareas como nos han hablado tantas veces en el pasado. Debemos luchar
contra los intentos de coacción, más o menos sutil, para que abandonemos los
objetivos feministas.
Esto implica dos consideraciones estratégicas. En primer lugar, una lucha por
establecer el socialismo debe ser una lucha en la que se alíen grupos con distintos
intereses. La mujer no debe confiar en que la “libere” el hombre “después de la
revolución”, en parte porque no hay razón alguna para creer que sabría hacerlo, y en
parte porque éste no tiene necesidad alguna de hacerlo; de hecho su interés
inmediato radica en que continúe nuestra opresión. En lugar de esto, debemos tener
nuestras propias organizaciones y nuestra propia base de poder. En segundo lugar,
pensamos que la división sexual del trabajo dentro del capitalismo ha dado a la mujer
una práctica en la que hemos aprendido a comprender lo que son las necesidades y la
interdependencia humana. Estamos de acuerdo con Lise Vogel en que, mientras que
el hombre ha luchado durante mucho tiempo contra el capital, la mujer sabe por qué
ha de luchar59. En general, la posición del hombre en el patriarcado y el capitalismo le
impide reconocer tanto las necesidades humanas de educación, cooperación y
desarrollo como las posibilidades de satisfacer estas necesidades en una sociedad no
jerárquica ni patriarcal. Pero aunque le hagamos tomar conciencia de ello, el hombre
puede sopesar los pros y los contras y elegir el status quo. El hombre tiene algo más
que perder que sus cadenas.
Como socialistas feministas, debemos organizar una práctica que dirija la lucha contra
el patriarcado y la lucha contra el capitalismo. Debemos insistir en que la sociedad que
queremos crear es una sociedad en la que el reconocimiento de la interdependencia
sea liberación y no temor, en la que la educación sea una práctica universal y no una
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