Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
emancipadas. El hecho de no haber conseguido que se aprobara la Enmienda de la
Igualdad de Derechos indica que muchas mujeres sienten un legítimo miedo a que el
“feminismo” siga siendo usado contra la mujer, e indica una necesidad real de que
reforcemos nuestro movimiento y analicemos por qué ha sido asimilado como lo ha
sido. Es lógico que nos volvamos al marxismo en busca de ayuda para este
reforzamiento, puesto que el marxismo es una teoría desarrollada del cambio social.
La teoría marxista está muy desarrollada en comparación con la teoría feminista, y en
nuestro intento de usarla a veces nos hemos desviado de los objetivos feministas.
La izquierda se ha mostrado siempre ambivalente en lo que respeta al movimiento de
la mujer, considerándolo a menudo peligroso para la causa de la revolución socialista.
El que una mujer de izquierdas se adhiera al feminismo puede ser personalmente
amenazador para el hombre de izquierdas. Y, por supuesto, muchas organizaciones
de izquierdas se benefician del trabajo de la mujer. Así pues, muchos análisis de
izquierdas (ya sean progresistas o tradicionales) buscan el propio provecho, tanto
teórica como políticamente. Tratan de inducir a la mujer a abandonar sus intentos de
desarrollar una visión independiente de su situación y a adoptar su propia visión de la
situación. En cuanto a nuestra respuesta a esa presión, es natural que, dado que nos
hemos vuelto hacia el análisis marxista, tratemos de sumarnos a la “fraternidad”
usando este paradigma, y podemos acabar tratando de justificar nuestra lucha ante la
fraternidad en lugar de tratar de analizar la situación de la mujer para mejorar nuestra
práctica política. Finalmente, muchos marxistas se contentan con el tradicional análisis
marxista de la cuestión de la mujer. Ven en la clase el marco adecuado para entender
la posición de la mujer. La mujer debe ser entendida como parte de la clase obrera; la
lucha de clase obrera contra el capitalismo debe prevalecer sobre cualquier conflicto
entre el hombre y la mujer. No se debe permitir que el conflicto de sexos se interponga
en la solidaridad de clase.
A medida que la situación empeoraba en los Estados Unidos en los últimos años, el
análisis marxista tradicional se reafirmaba. En la década de los sesenta, el movimiento
de los derechos civiles, el movimiento estudiantil por la libertad de expresión, el
movimiento contra la guerra, el movimiento de la mujer, el movimiento ecologista y la
militancia cada vez mayor de profesionales y administrativos plantearon a los
marxistas nuevos problemas. Pero ahora, el retorno de problemas económicos tan
obvios como la inflación y el desempleo ha hecho que se olvide la importancia de
estas reivindicaciones y la izquierda vuelva a lo “fundamental”: la política de la clase
obrera (estrictamente definida). Las sectas marxistas-leninistas cada vez más
numerosas son profundamente antifeministas, tanto en la doctrina como en la práctica.
Y hay indicios de que el interés por los problemas feministas en la izquierda
académica está también en decadencia. Está dejando de haber servicios de guardería
en las conferencias de la izquierda. A medida que el marxismo o la economía política
resultan intelectualmente aceptables, la antigua red de jóvenes de ideas liberales
encuentra su réplica en una red de jóvenes marxistas y radicales, machistas en cuanto
a afiliación y opiniones pese a su juventud y radicalismo.
Las presiones para que las mujeres radicales abandonen estas estupideces y se
conviertan en revolucionarias “serias” también han aumentado. Nuestro trabajo parece
una pérdida de tiempo en comparación con la “inflación” y el “desempleo”. Es
sintomático de la dominación masculina que nuestro desempleo no fuera nunca
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