Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
Nueva York, Monthly Review Press, 1978 (Patriarcado capitalista y feminismo socialista, México, Siglo
XXI, 1980).
43
Véase Batya Weinbaum y Amy Bridges, “The other side of the paycheck: monopoly capital and the
structure of consumption”, Monthly Review, volumen 28, 3, julio-agosto de 1976, pp. 88-103, para un
análisis del consumo femenino.
44
Sobre las tesis de la Escuela de Francfort, véase Max Horkheimer, “Authority and the family”, en Critical
theory, Nueva York, Herder & Herder, 1972 (Teoría crítica, Buenos Aires, Amorrortu, 1974), y Frankfurt
Institute of Social Research, “The family”, en Aspects of sociology, Boston, Beacon, 1972.
45
Carol Brown, “Patriarchal capitalism and the female-headed family”, Social Scientist, India, 40/41,
noviembre-diciembre de 1975, pp. 28-39.
46
Para más precisiones sobre el orden racial, véanse Stanley Greenberg, “Business enterprise in a racial
order”, Politics and Society, vol. 6, 2, 1976, páginas 213-240, y Michael Burroway, The color of class in the
copper mines: from African advancement to Zambianization, Manchester, Manchester University Press,
Zambia Papers, 7, 1972.
47
Véase Michael Reich, David Gordon y Ricard Edwards, “A theory of labor market segmentation”,
American Economic Review, vol. 63, 2, mayo de 1973, pp. 359-365, y el libro compilado por ellos, Labor
market segmentation, Lexington (Massachusetts), D.C.Heath, 1975, para un análisis de la segmentación
del mercado de trabajo.
48
Véase David M. Gordon, “Capitalist efficiency and socialist efficiency”, Monthly Review, vol. 28, 3, julioagosto de 1976, pp. 19-39, para un análisis de la eficiencia cualitativa (necesidades de control social) y
cuantitativa (necesidades de acumulación).
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Por ejemplo, los fabricantes de Milwaukee organizaron a los trabajadores en la producción en un
principio por grupos étnicos, pero más tarde exigieron que todos los trabajadores hablaran inglés, cuando
cambiaron las necesidades de la tecnología y de un adecuado control social. Véase Gerd Korman,
Industrialization, immigrants and Americanizers, the view from Milwaukee, 1866-1921, Madison, The State
Historical Society of Wisconsin, 1967.
50
Carol Brown, “Patriarchal capitalism”.
51
Nueva York, Random House, 1976.
52
Jean Gardiner, en “Women’s domestic labour” (véase nota 10 supra), aclara las causas del cambio de
localización del trabajo de la mujer, desde el punto de vista del capital. Pasa revista a las necesidades del
capital (en términos de nivel de los salarios reales, oferta de trabajo y tamaño del mercado) en diversos
estadios del desarrollo y de los ciclos económicos. Mantiene que en épocas de auge o rápido crecimiento
es probable que la socialización del trabajo doméstico (o más exactamente su capitalización) sea la
tendencia dominante, y que en épocas de recesión se mantenga el trabajo doméstico en su forma
tradicional. Sin embargo, al intentar pronosticar la probable orientación de la economía británica,
Gardiner no considera las necesidades económicas del patriarcado. En este ensayo mantenemos que a
menos que se tome en cuenta tanto el capital como el patriarcado no se podrá pronosticar debidamente la
probable orientación del sistema económico.
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Sobre el número de personas que componen la familia nuclear, véase Peter Uhlenberg, “Cohort
variations in family life cycle experiences of US females”, Journal of Marriage and the Family, vol. 36, 5,
mayo de 1974, pp. 284-292. Sobre el índice de divorciados que se casan de nuevo, véanse Paul C. Glick
y Arthur J. Norton, “Perspectives on the recent upturn in divorce and remarriage”, Demography, vol. 10,
1974, pp. 301-314. Sobre los niveles de divorcio y renta, véase Arthur J. Norton y Paul C. Glick, “Marital
instability: past, present and future”, Journal of Social Issues, vol. 32, 1, 1976, pp. 5-20. Véase también
Mary Jo Bane, Here to stay: American families in the twentieth century, Nueva York, Basic Books, 1976.
54
Heather L. Ross e Isabel B. Sawhill, Time of transition: the growth of families headed by women,
Washington, D.C., The Urban Institute, 1975.
55
Véase Kathryn E. Walker y Margaret E. Woods, Time use: a measure of household production of family
goods and services, Washington, D.C., American Home Economics Association, 1976.
56
Richard Sennet y Jonathan Cobb, en The hidden injuries of class, Nueva York, Random House, 1973,
examinan tipos similares de fenómenos psicológicos dentro de las relaciones jerárquicas entre los
hombres en el trabajo.
57
Esto debería dar algunas pistas sobre las diferencias de clase en el sexismo que no podemos examinar
aquí.
58
Véase John R. Seeley et al., Crestwood Heights, Toronto, University of Toronto Press, 1956, páginas
382-394. Aunque se pueda decir que el puesto del hombre está “en la producción”, esto no significa que
el puessto de la mujer no esté en la producción, puesto que también sus tareas están confliguradas por el
capital. Su trabajo no asalariado es la solución, sobre una base cotidiana, de la producción para el
intercambio con unas necesidades socialmente determinadas, el suministro de valores de uso en una
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