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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
jerarquías de género. Rubin señala que teóricamente un sistema de género/sexo
podría ser de predominio masculino, de predominio femenino o igualitario, pero
renuncia a calificar a los diversos sistemas de género/sexo conocidos o a periodizar la
historia de acuerdo con ellos. Nosotras optamos por calificar a nuestro actual sistema
de género/sexo de patriarcado, porque este término conlleva las nociones de jerarquía
y predominio masculino que consideramos centrales en el actual sistema.
La producción económica (a la que los marxistas suelen referirse como el modo de
producción) y la producción del hombre mismo en el sistema de género/sexo
determinan conjuntamente “el orden social en que viven los hombres en una época o
en un país dados”. Así pues, sólo se puede entender el conjunto de la sociedad si se
considera ambos tipos de producción y reproducción, la de los hombres y la de las
cosas30. No hay un “capitalismo puro”, como tampoco hay un “patriarcado puro”, ya
que los dos deben coexistir necesariamente. Lo que sí hay es un capitalismo
patriarcal, o un feudalismo patriarcal, o sociedades cazadoras/recolectoras
igualitarias, o sociedades hortícolas matriarcales, o sociedades hortícolas patriarcales,
etcétera. No parece haber una conexión necesaria entre los cambios en un aspecto de
la producción y los cambios en otro. Una sociedad puede sufrir una transición del
capitalismo al socialismo, por ejemplo, y seguir siendo patriarcal31. El sentido común,
la historia y nuestra experiencia nos enseñan, sin embargo, que estos dos aspectos
de la producción están tan estrechamente interrelacionados que los cambios en el uno
crean habitualmente movimientos, tensiones o contradicciones en el otro.
En este contexto se pueden entender también las jerarquías raciales. Es posible afinar
más definiendo los “sistemas de color/raza” como campos de la vida social que toman
un color biológico y lo convierten en una categoría social: la raza. Las jerarquías
raciales, como las jerarquías de género son aspectos de nuestra organización social,
de la forma en que la gente produce y se reproduce. No son fundamentalmente
ideológicas; constituyen ese segundo aspecto de nuestro modo de producción, la
producción y reproducción de los hombres. Sería, pues, tal vez más exacto referirnos
a nuestras sociedades no como sociedades simplemente “capitalistas”, por ejemplo,
sino como “sociedades capitalistas patriarcales basadas en la supremacía blanca”. En
la tercera parte de este artículo citamos un caso de capitalismo que se adapta y hace
uso del orden racial y varios ejemplos de las interrelaciones entre capitalismo y
patriarcado.
El desarrollo capitalista de lugar a una jerarquía de trabajadores, pero las categorías
marxistas tradicionales no pueden decirnos quién ocupará cada puesto. Las jerarquías
raciales y de género determinan quiénes ocupan los puestos vacantes. El patriarcado
no es simplemente una organización jerárquica, sino una jerarquía en la que
determinadas personas ocupan determinados puestos. Al estudiar el patriarcado
aprendemos por qué y cómo es la mujer la dominada. Aunque creemos que la
mayoría de las sociedades conocidas han sido patriarcales, no consideramos el
patriarcado como un fenómeno universal e invariable. Creemos más bien que el
patriarcado, como conjunto de relaciones entre los hombres que les permiten dominar
a las mujeres, ha cambiado de forma e intensidad a lo largo del tiempo. Es
fundamental examinar la relación de la interdependencia de los hombres con su
capacidad de dominar a las mujeres en las sociedades históricas. Es fundamental
examinar la jerarquía entre los hombres y su diferente acceso a los beneficios del
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