Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf


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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88

respeta al uso de la fuerza de trabajo femenina. He aquí una forma en que puede
manifestarse este conflicto: la inmensa mayoría de los hombres desean que sus
mujeres estén en casa a su servicio personal. Sólo un pequeño número de hombres,
que son capitalistas, desean que las mujeres (aunque no las suyas propias) trabajen
como asalariadas en el mercado de trabajo. Si examinamos las tensiones de este
conflicto en torno a la fuerza de trabajo de la mujer desde el punto de vista histórico,
podremos identificar la base material de las relaciones patriarcales en las sociedades
capitalistas, así como la base de la colaboración entre el capital y el patriarcado.
La industrialización y el desarrollo del salario familiar
Los marxistas hicieron una serie de deducciones muy lógicas de los fenómenos
sociales que presenciaron en el siglo XIX, pero en última instancia subestimaron la
solidez de las fuerzas sociales patriarcales preexistentes con las que tuvo que luchar
el capital en ciernes, así como la necesidad del capital de acomodarse a estas
fuerzas. La revolución industrial arrastró a todo el mundo, incluidas las mujeres y los
niños, hacia el mercado de trabajo; de hecho, las primeras fábricas emplearon
exclusivamente mano de obra femenina e infantil32. El hecho de que las mujeres y los
niños pudieran ganar un salario al margen de los hombres socavó las relaciones de
autoridad (tal como se analiza en la primera parte, supra, de este artículo), a la vez
que redujo los salarios de todos. Kautsky describía de esta forma el proceso en 1892:
(Cuando) la mujer y los hijos del obrero (...) son capaces de cuidarse
de sí mismos, el salario del hombre puede ser reducido
tranquilamente hasta el nivel de sus necesidades personales sin el
riesgo de interrumpir la constante oferta de mano de obra.
El trabajo de las mujeres y los niños, además, tiene la ventaja
adicional de que éstos son menos capaces de resistir que los
hombres (sic), y su incorporación a las filas de los trabajadores
incrementa enormemente la cantidad de trabajo que se ofrece a la
venta en el mercado (...).
Por consiguiente, el trabajo de las mujeres y los niños (...) disminuye
también la capacidad de resistencia (del obrero), por cuanto que
satura el mercado; debido a ambas circunstancias, reduce los
salarios de los obreros33.
Los marxistas reconocieron los terribles efectos de los bajos salarios y la participación
forzada de todos los miembros de la familia en el mercado del trabajo sobre la vida
familiar de la clase obrera. Kautsky escribió:
El sistema capitalista de producción en la mayoría de los casos no
destruye el hogar del obrero, pero le priva de todo lo que no sean
sus rasgos más desagradables. La actividad de la mujer hoy en las
empresas industriales (...) significa incrementar su antigua carga con
una nueva. No se puede servir a dos amos. El hogar del obrero se
resiente siempre que su mujer tiene que ayudar a ganar el pan de
cada día34.

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