Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf


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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88

El salario familiar, para la mayoría de los hombres adultos, significa la aceptación y la
connivencia de los hombres para reservar los salarios más bajos a jóvenes, mujeres y
hombres socialmente definidos como inferiores (irlandeses, negros, etc..., los grupos
que ocupan los puestos inferiores en la jerarquía patriarcal, a quienes se niegan
muchos de los beneficios patriarcales). Para reservar salarios más bajos a mujeres,
niños y hombres inferiores se recurre a la segregación de los puestos de trabajo en el
mercado, perpetuada a su vez tanto por los sindicatos y la patronal como por
instituciones auxiliares, tales como la escuela, los programas de formación e incluso
de familia. La segregación de los puestos de trabajo por sexos, al hacer que la mujer
tenga los trabajos peor pagados, asegura también la dependencia económica de la
mujer con respecto al hombre y refuerza la idea de que hay una esfera adecuada para
el hombre y otra para la mujer. Así pues, para la mayoría de los hombres la creación
de un salario familiar aseguró la base material de la dominación masculina en dos
formas. En primer lugar, la mujer gana un salario más bajo que el hombre. El salario
más bajo que recibe la mujer en el mercado del trabajo perpetúa las ventajas
materiales del hombre sobre la mujer e incita a la mujer a escoger la carrera de
esposa. En segundo lugar, la mujer hace el trabajo doméstico, se ocupa de los hijos y
realiza otros servicios en el hogar que benefician directamente al hombre41. Las
responsabilidades de la mujer en el hogar refuerzan a su vez su posición de
inferioridad en el mercado de trabajo42.
La solución que se encontró a principio del siglo XX puede parecer beneficiosa tanto
para los intereses capitalistas como para los patriarcales. Los capitalistas, se afirma
con frecuencia, reconocieron que en las condiciones penosas que existían en la
industrialización de comienzos del siglo XIX las familias de la clase obrera no podían
reproducirse debidamente. Se dieron cuenta de que el ama de casa producía y
mantenía trabajadores más sanos que la esposa asalariada, y que los niños que
habían recibido una instrucción se convertían en mejores trabajadores que los que no
la habían recibido. El trato, consistente en pagar un salario familiar al hombre y
mantener a la mujer en casa, convino tanto a los capitalistas de la época como a los
trabajadores. Aunque los condiciones del trato se han alterado con el tiempo, todavía
sigue siendo cierto que la familia y el trabajo de la mujer en la familia sirven al capital
al proporcionar una fuerza de trabajo y servir al hombre como el espacio en el que
puede ejercer sus privilegios. La mujer, al trabajar al servicio de su marido y de su
familia, sirve también al capital como consumidora43. La familia es también el lugar
donde se aprenden el dominio y la sumisión, como han explicado Firestone, la
Escuela de Francfort y otros muchos44. Los niños obedientes se convierten en
trabajadores obedientes, y niños y niñas aprenden sus respectivos papeles.
Mientras que el salario familiar demuestra que el capitalismo se adapta al patriarcado,
el nuevo status de los hijos demuestra que el patriarcado se adapta al capital. El niño,
como la mujer, fue excluido del trabajo asalariado. Cuando la capacidad de ganar
dinero del niño disminuyó, su relación legal con sus padres cambió. A comienzos de la
era industrial, en los Estados Unidos se consideraba crucial, e incluso primordial, para
el feliz desarrollo del niño que su padre cubriera sus necesidades; el padre tenía la
prioridad legal en caso de disputarse su custodia. Carol Brown ha demostrado que
cuando la capacidad del niño de contribuir al bienestar económico de la familia
disminuyó, la madre empezó a ser considerada cada vez más crucial para el feliz
desarrollo del niño y a obtener la prioridad legal en casos de disputarse su custodia45.

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