Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf


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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88

Aquí el patriarcado se adaptó al nuevo papel económico del niño; cuando el niño era
productivo, el hombre los reclamaba; cuando se hizo improductivo, fue cedido a la
mujer.

La colaboración en el siglo XX
La predicción de los marxistas del siglo XIX de que el patriarcado se desvanecería
ante la necesidad del capitalismo de proletarizar a todo el mundo no ha resultado
cierta. No sólo subestimaron la fuerza y la flexibilidad del patriarcado, sino que
también sobreestimaron la fuerza del capital. Creyeron que la nueva fuerza social del
capitalismo, que había acabado con las relaciones feudales, era prácticamente
todopoderosa. Los observadores contemporáneos están en mejores condiciones para
ver la diferencia entre las tendencias del capitalismo “puro” y las del capitalismo “real”,
tal como se enfrenta a las fuerzas históricas en la práctica cotidiana. Los análisis de la
“colaboración” entre el capital y el orden racial, así como de la segmentación del
mercado de trabajo, ofrecen ejemplos suplementarios de cómo las fuerzas capitalistas
“puras” hacen frente a la realidad histórica. En este proceso, el capitalismo ha hecho
gala de una gran flexibilidad.
Los marxistas que han estudiado la situación de Sudáfrica afirman que, si bien el
orden racial puede no permitir una proletarización por igual de todo el mundo, esto no
significa que las barreras raciales impidan la acumulación de capital46. En abstracto,
los analistas podrían discutir sobre los mecanismos que permiten a los capitalistas
extraer “el máximo” de plusvalor. Sin embargo, en una situación histórica determinada,
los capitalistas deben hacer frente al control social, la resistencia de los grupos de
trabajadores y la intervención del Estado. El Estado puede intervenir a fin de asegurar
la reproducción de la sociedad en su conjunto; puede ser necesario vigilar a algunos
capitalistas, frenar las tendencias más nefastas del capital. Teniendo en cuenta estos
factores, los capitalistas maximizan la mayor ganancia realizable. Si, con vistas al
control social, los capitalistas organizan el trabajo de una forma determinada, no hay
nada en el propio capital que determine quién (es decir, qué individuo con qué
características) debe ocupar los puestos más altos y quién debe ocupar los puestos
más bajos en el mercado de trabajo. A ello contribuye el que los capitalistas sean
probablemente el grupo social dominante y, por consiguiente, racista (y sexista). El
capitalismo hereda las características primordiales del grupo dominante, así como las
de los subordinados.
Los recientes estudios de la tendencia del capital monopolista a crear una
segmentación en el mercado de trabajo confirman esta interpretación47. Allí donde los
capitalistas segmentan deliberadamente a la mano de obra, usando unas
características determinadas para dividir a la clase obrera, esto se debe más a las
necesidades de control social que a los imperativos de la acumulación propiamente
dicha48. Y con el tiempo no todos los intentos de división tienen éxito ni son rentables.
La capacidad del capital para configurar la fuerza del trabajo depende tanto de los
imperativos particulares de la acumulación propiamente dicha (por ejemplo: ¿está
organizada la producción de tal forma que requiera una comunicación entre un gran
número de trabajadores? En tal caso es preferible que todos ellos hablen inglés)49
como de las fuerzas sociales dentro de la sociedad que pueden incitar/obligar al

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