Feminismo y marxismo, un matrimonio mal avenido.pdf

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PAPERS DE LA FUNDACIÓ/88
algunas sociedades prefeudales en las que la jerarquía seguía unas determinadas
características. En cuanto a las sociedades capitalistas, los científicos sociales
burgueses las consideran meritocráticas, burocráticas e impersonales, y los marxistas
ven en ellas sistemas de dominación de clase26. Para ambos tipos de científicos
sociales, ni las sociedades patriarcales históricas ni las sociedades capitalistas
occidentales de hoy son sistemas de relaciones entre los hombres que les permiten
dominar a las mujeres.
Hacia una definición del patriarcado
Podemos definir el patriarcado como un conjunto de relaciones sociales entre los
hombres que tienen una base material y que, si bien son jerárquicas, establecen o
crean una interdependencia y solidaridad entre los hombres que les permiten dominar
a las mujeres. Si bien el patriarcado es jerárquico y los hombres de las distintas
clases, razas o grupos étnicos ocupan distintos puestos en el patriarcado, también les
une su común relación de dominación sobre sus mujeres; dependen unos de otros
para mantener esta dominación. Las jerarquías “funcionan” al menos en parte porque
crean un interés personal en mantener el status quo. Los que están situados en los
niveles superiores pueden “comprar” a los que están en los inferiores ofreciéndoles
poder sobre los que están aún más abajo. En la jerarquía del patriarcado, todos los
hombres, sea cual fuere su rango en el patriarcado, son comprados mediante la
posibilidad de controlar al menos a algunas mujeres. Hay indicios de que cuando se
institucionalizó por vez primera el patriarcado en las sociedades estatales, los
dirigentes en alza hicieron literalmente a los hombres cabezas de su familia
(imponiendo el control sobre sus mujeres e hijos) a cambio de que éstos cedieran
algunos de sus recursos tribales a los nuevos dirigentes27. Los hombres dependen
unos de otros (a pesar de su ordenamiento jerárquico) para mantener su control sobre
las mujeres.
La base material sobre la que se asienta el patriarcado estriba fundamentalmente en
el control del hombre sobre la fuerza de trabajo de la mujer. El hombre mantiene este
control excluyendo a la mujer del acceso a algunos recursos productivos esenciales
(en las sociedades capitalistas, por ejemplo, los trabajos bien pagados) y restringiendo
la sexualidad de la mujer28. El matrimonio heterosexual y monógamo es una forma
relativamente reciente y eficaz que parece permitir al hombre controlar ambos
campos. El hecho de controlar el acceso de la mujer a los recursos y a su sexualidad,
a su vez, permite al hombre controlar la fuerza de trabajo de la mujer, con objeto tanto
de que le preste diversos servicios personales y sexuales como de que críe a sus
hijos. Los servicios que la mujer presta al hombre, y que libran al hombre de tener que
hacer muchas tareas ingratas (como limpiar retretes), se realizan tanto dentro como
fuera del marco familiar. Entre los ejemplos que se dan fuera de la familia están la
persecución de trabajadoras y alumnas por patronos y profesores, y el uso habitual de
las secretarias para hacer recados personales, preparar café y proporcionar un
ambiente “sexy”. La crianza de los hijos (sea o no la fuerza de trabajo de éstos de
inmediato provecho para sus padres) es, sin embargo, una tarea crucial para
perpetuar el patriarcado como sistema. Así como la sociedad clasista debe
reproducirse a través de las escuelas, los centros de trabajo, los normas de consumo,
etcétera, así también deben hacerlo las relaciones sociales patriarcales. En nuestra
sociedad, los hijos son por lo general criados en casa por las mujeres, socialmente
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