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Amigo Invisible Lyan .pdf



Nombre del archivo original: Amigo Invisible -Lyan.pdf
Autor: Paola

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Versos de un amante
nocturno,
A una chica de tinta.

Canto primero.
(De cuando la vi)

Conocí a mi grillo por las calles de
Madrid.
Llevaba una sonrisa triste, y los
dientes blancos,
Como farolas en mitad del barrio
pobre,
Que alumbran los sueños de los
chiquillos.

Portaba su sonrisa triste como
estandarte
De la mayor apología al romanticismo,
Y a la tristeza por ende de la miseria
escrita
En unos versos escritos con la bruma
de las esquinas.

¿Dónde vas poetisa? ¿Acaso has huido
de los rascacielos?

Su cabello oscuro como el abismo del universo,
Se mostraba efímero como la vida de una mariposa.

Huyó.
Tan solo recuerdo su cabello y su melancolía.

(De cuando espié sus poemas)
Me la encontré en un bar de esquina,
De mesas sucias, de polvo con colillas.
Más en aquella sucia mesa,
De publicidad de Coca-cola,
Destacaba una pulida máquina de escribir.

Era vieja y la madera negra estaba arañada;
De recuerdos, de astillas y de aristas,
De madrugadas enlatadas en versos.
De versos oníricos sátiras de la realidad.

Tus manos se deslizaban gráciles,
Como las golondrinas cuando remontan el vuelo,
Y tus uñas rojas de charol, como sangre de torero arrepentido.

Escribías concentrada, con la sangre enervada,
Con el corazón aplastado, de cualquier manera,
En aquella vieja máquina de escribir de tu tierra.

A cada letra el sonido metálico martilleaba mis oídos,
Como el compás de aquél tiempo muerto
Que tus dedos caprichosos me dictaban.

Me senté y pedí un café con hielo.
Siempre fui un amante de las ironías.
Te marchaste y vi tus bailarinas negras.

En ese momento conocí parte de su ira.

De cuando eché de menos lo desconocido.
12 de la noche.
Me remuevo y te pienso,
Mientras te anhelo.
Y sueño que te beso,
Mientras en versos,
Cortos, como mi raciocinio,
Como mi conocimiento,
Te encuentro.

¿Dónde estás?
¿Qué escribes?
¿Cuál es tu futuro?
¿Por qué ese rojo?
¿Por qué tú?

Dime cuál es tu poeta,
Tu Lorca o tu Machado,
Tu Alberti, o tu Bécquer.
O tu desconocido,
Permanentemente ausente,
Pero presente,
Pues cualquiera puede ser.
Dime qué pie calzas,
Como te gustan las magdalenas,
O el despertar.

Pero sobre todo,
Quiero leer tus versos.

(Creo que debería dormir).

He de ser valiente.
Te he buscado.
Y no te he encontrado.
Te he buscado en aquel café,
Buscando aquella máquina vieja y rota.

Te he buscado en aquellas calles,
Y no te he encontrado;
Por no encontrar no he encontrado ni mis zapatos.
Ni mi hogar.
No tengo quizás.

Te busco.
S
E
G
U
N
D
O
S

Que saben a minutos.

M
I
N
U
T
O
S
Que saben a horas.
H
O
R
A
S
Eternidades.
Como la cuenta del olvido de la muerte,
Como los latidos desbocados sordos.

¿Dónde estás?
Grito por encima del ruido,
De las carcajadas sordas,
De los dientes cortantes,
De las promesas banales.

Grito por encima del mar,
Y el mar me devuelve tu eco,
De sus olas contra tu espalda,
Del batir de tus alas.

Canto segundo.
Noches de verano.
La ciudad se ha vuelto fría con tu ausencia,
Desconocida.
Bruma de un recuerdo pasado,
Espejo de un océano de llamas.

Te busco en aquel café sucio,
Mientras remuevo el café frío del cielo,
Y tan solo encuentro remordimientos.

La ciudad es fría e inhóspita.
Sus garras me acarician,
Y me susurran lo cobarde que fui.

Del mar de lágrimas.
No entiendo como no enamorarme,
De tu poesía al caminar.
No entiendo como no enamorarme
De tus bailarinas al andar,
De tus uñas rojas,
De tu melancolía,
Y por ende de tu ira.

No entiendo como no enamorarme,
De tu cabello azabache,
De tu mirada desconocida,
De tus versos torcidos,
De tus entrañas,
De tus cicatrices y heridas.

No entiendo como no echarte de
menos,
Como quien añora lo nunca tenido,
Pero a la vez siempre anhelado.

No entiendo como no quedársete
mirando,
Tus andares y tus veros.
Tu cabello, negro.

No entiendo como no enamorarme,
Si tú eres mis versos,
Eterna desconocida,
Temporalmente desaparecida.

ECHARTE DE MENOS NO ES TAN DOLOROSO,
COMO EL NO CONOCER TUS VERSOS,
Y SI TUS ANDARES

Hoy te he visto y la primavera,
Ha nacido en el otoño frío.
Más llevaba las lágrimas por las mejillas,
Y el rímel corrido,
Y las uñas mordidas,
Y las medias rotas,
Y la carne con sangre
De quién se ha caído.

Me acerqué a ti,
En aquella plaza perdida.
Te pregunté con la mirada,
¿Qué te pasa?
―Nada. ―contestaste.
Un silencio incómodo,
Un ¿qué te pasa? De nuevo mudo.
―Nada. ―repetiste. ―
Nada, más que el infierno no es cálido,
Sino que es frío;
Que la vida es bella pero duele,
Que tengo un hueco vacío,
Que se han llevado a mi Cuba,
Que éste Madrid es cálido,
Pero no huele a mi hogar.

Que voy con zapatos
Como extraña en casa desconocida.

Que voy añorando
Momentos nunca pasados.
¿Y qué te pasa a ti?

Me miraste.
Un profundo abismo negro,
Una luz en el fondo,
Como las farolas de barrios pobres.
―Que te he echado de menos.
Te reíste. Una carcajada profunda,
Sorda, surgida de tu pecho de mariposa.
Me miraste, respiraste.
El otoño no formó ningún vaho.
― ¿Cómo se puede echar de menos una desconocida?
―Como quien echa de menos lo imposible, las utopías.
―Quién eres.
―Otro desconocido, aunque no sé si me has echado de menos.
―Echo de menos el amor.
―Entonces puede que si lo hayas hecho.

Proceso de enamorarte de tu obra,
De encontrarla y perderla.
Aprender a amarla.
Espero que te haya gustado, Ly,
Porque estos versos son para ti,
Ya que tú has sido mi musa.

Atentamente,
Tu Amigo Invisible.


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