EN ESTOS TIEMPOS DE LA TIERRA Noviembre de 2015 PDF.pdf


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En la historia de este mundo, da la impresión de que algo se desenvuelve más
allá de la simple vida humana, según su propia lógica. No hay nada de eso, ya
que no hay ninguna lógica en lo que es forzado, en lo que es limitado y en lo que
encierra.
La sed del Amor en vosotros debe crecer hasta volverse intolerable, no como un
deber, no como una obligación pero como la mismísima evidencia de la realidad
del Amor. Porque el Amor llama al Amor, pero refuerza también en un primer
momento la sed del Amor, haciéndoos reencontrar y revivir lo que ya pertenece
al pasado. Todos hemos pasados por ahí y os lo dije en mi intervención anterior,
los raros mecanismos o fenómenos que nombráis místicos, sólo se reprodujeron
dos veces en mi vida, ya de niña, pero fue suficiente para establecerme
firmemente en la Infancia, en la Pequeña Vía.
Del mismo modo, tal vez ya lo habéis vivido en el momento de la Llamada
individual de María, o lo viviréis de todos modos en el momento oportuno, que
está cerca ahora, la vía de la inocencia, la Vía de la Infancia, la humildad os
hacen descubrir la verdadera Libertad que es de no depender de nada del
efímero, exceptuando por supuesto las propias necesidades de este efímero, pero
os permiten no tener que apoyaros en lo efímero con el fin de encontrar ahí la
Eternidad.
Remite también al misterio de la fe, al misterio de la confianza en Él. Es mucho
más que una certeza y es mucho más que una experiencia que puede vivirse, es
un estado del Ser, diría, un estado del Ser que toma todo el espacio y todo el
tiempo de la ilusión de este mundo. La sed de Amor se vuelve inextinguible y no
podéis contemplar, desde ese momento, otra cosa que de vivir permanentemente
este Amor. En ese momento, vuestra alma ya no puede ser atraída hacia los
placeres y los deseos superficiales o temporales de este mundo. La sed de Amor
abre las compuertas de vuestro corazón, la sed de Amor os eleva transmutando
vuestro cuerpo y vuestra alma hacia esta Eternidad.
El encuentro entre lo Eterno y lo efímero se realiza, como lo dije, en el corazón
del Corazón, en el estado de Gracia o la Acción de Gracia de la beatitud, pero
una vez vivido, seréis marcados en cierto modo con fuego, si ya no es el caso,
tensándoos cada vez más hacia la resurrección de este Amor de manera
definitiva. Y no podéis hacerlo solos, aunque seáis vosotros los que paséis la
última puerta. Necesitáis, no de un modelo, hasta si ése fuese el Cristo, en todo
caso en Occidente, pero debéis de haber también, no como un ideal,
concientizado en el seno de vuestro cuerpo y de vuestra persona la esencia de
este Amor, no como un concepto aunque no lo hayáis vivido.
No es tampoco la mera experiencia de la vivencia del Amor, es mantenerse en la
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