ARTE Y COMPUTADORAS 2011.pdf

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© Diego Levis 2000/2011
Arte y computadoras
resultan menos inquietantes. La pantalla que nos separa y distancia también nos protege de la
fascinación en la que nos sumergen las imágenes inmersivas. El espacio que se abre ahora ante
nuestra mirada es, inequívocamente, una imagen, como lo son también los objetos y los seres
representados que aparecen ante nuestros ojos. Imágenes planas, sin volumen ni cuerpo, en las
que no cabe confusión alguna con un espacio físico habitable. Podemos desplazarnos sobre
ellas pero no en su interior. Y, sin embargo, como en las imágenes inmersivas, podemos
trazar en ellas recorridos diferentes re-creando con nuestro gesto y nuestra mirada una obra
individual que, a diferencia de los anteriores entornos inmersivos, es inabarcable, expandible
hasta el infinito, hecha de la suma de todo aquello que hay en las redes. Una obra intertextual y
multidimensional, sin límites ni autores reconocibles hecha de imágenes que anuncian su
inmediata caducidad en el mismo momento en que aparecen en la pantalla en un tiempo
narrativo que tiende a transcurrir simultáneamente a la acción del usuario, impulsando a
muchas personas a vivir su deambular en el ciberespacio como una estimulante experiencia
perceptiva.
Asocio con algunas ideas, palabras para pensar: El zapping como generador de
universos autistas de expresión. La imagen boba de una pantalla sin público. Cacofonías de
sentidos que se suman, restándose. Comunicación truncada en bifurcaciones infinitas. Un
desierto de significados. Apenas migajas para engañarnos con la falsa transparencia de la
pantalla.
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