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© Diego Levis 2000/2011

Arte y computadoras

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La máquina dúctil

La obra virtual, como cualquier obra de arte, debe constituir una estructura unitaria
y no ser la suma de elementos inconexos mejor o peor dispuestos, más o menos atractivos,
cuya presencia o ausencia no produzca efecto alguno sobre el conjunto. Paul Valery, en un
artículo sobre estética, dice que
"a muchas obras les sucede que no pueden dar otra cosa que los efectos de primera
intención. Si nos detenemos en ellos, encontramos que sólo existen al precio de
alguna inconsecuencia, o de alguna imposibilidad (...), que pondrían en peligro una
mirada prolongada, preguntas indiscretas o una curiosidad excesiva" (Valery
1990:54/55)17.

Cuestión que, sin duda, afecta notablemente a las primeras obras realizados con
computadoras, más preocupadas en impresionar con el atractivo que despierta la técnica que
en suscitar sentimientos verdaderos gracias a la eventual calidad e interés de la expresión.
Cabe siempre la posibilidad de negarle a las obras digitales la condición de arte. Pero el
calificativo es en este caso lo de menos, pues las técnicas de simulación digital, de todas
maneras, continuarán siendo utilizadas como una herramienta para la "creación de ilusiones",
como un medio para expresar miradas particulares sobre lo real y lo imaginario, sobre lo
material y lo sensorial . Quizás, después de todo, sea más apropiado considerar la obra digital
como la manifestación de lo que incontestablemente es:

un simulacro y, como tal,

contraponerla a cierta idea restrictiva de arte que otorga tal categoría a aquello que ambiciona
y consigue trascender en el espíritu humano más allá de una satisfacción estética inmediata.
Idea de fronteras imprecisas y móviles que se ajusta muy difícilmente a la función social y
cultural del arte en sus diferentes expresiones.
17 Paul Valery, "Discurso sobre la estética", publicado por primera vez en las Actas del Segundo Congreso
Internacional de Estética y ciencia del arte, Alcan, París 1937; en Valery, op.cit. pp.42/69.

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