las drogas una industria capitalista y opresora y la juven.pdf

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si no se tiene en cuenta la estructura real de la economía capitalista y los intereses estratégicos de quienes
la controlan. Por ejemplo, uno de los poderes que más presiona para que no se normalice y menos aún se
legalicen las drogas es el Vaticano. La razón aparente es que lo hace por fe, coherencia religiosa y humanismo,
pero las razones reales son dos: el dinero que la Banca Vaticana obtiene de su participación secreta en la
economía criminal, y las pruebas son apabullantes, así como en industrias como la de condones y otras, y el
problema del monopolio de otra droga, de otro opio, el religioso, cuestionado por el crecimiento de otras
alternativas idealistas que sí admiten o toleran el uso de determinadas drogas en sus adictos, y también sobran
los ejemplos.
3-9.- El factor ideológico de los sectores de la burguesía enemigos de la normalización por sus
convicciones.
Viendo todo lo anterior, no debemos caer en el error opuesto de minusvalorar la importancia cierta del
factor ideológico en algunos sectores de la burguesía enemigos de la normalización por sus convicciones.
Pero son menos importantes y poderosos, verdaderamente secundarios, de lo que sospechamos, y hacen el
juego a quienes desde atrás deciden quienes tienen que escribir, hablar o aparecer en la prensa. Aquí,
como en todo, la doble moral establecida juega un importante papel: por ejemplo, una campaña contra la droga
llevada por un presentador cocainómano y patrocinada por una destilería de bebidas de media graduación. Los
ejemplos abundan. De cualquier modo, lo que hay que tener en cuenta es que esas fuerzas que vociferan son
también funcionales al sistema porque con sus gritos exigen la multiplicación de las policías y del control
social. Esto es tan obvio que no nos extendemos.
3-10.- Las drogas como arma bioquímica del Estado opresor.
La interrelación de los tres niveles de drogas -las médicas, las sociales legales y las ilegales- permite, además,
que el Estado prepare y organice mucho más efectivamente su uso como arma bioquímica. La ingesta
masiva de alcohol barato y peleón, "vino obrero", a finales del s.XIX, se vio facilitada por la derrota militar de
1875, cuando España suprimió las aduanas e impuso la libre entrada de sus productos en Hegoalde. La llegada
masiva de heroína al final de los setenta de este siglo se vio facilitada por el poder omnímodo de las fuerzas
represivas en la política estratégica contra el independentismo. Queremos decir que el Estado tiene recursos
suficientes para organizar la guerra bioquímica. Con el desarrollo del mal llamado "Estado del
Bienestar" (?), con la aparición de la llamada "seguridad social", y la división en los tres niveles citados,
AUMENTAN ESOS RECURSOS ESTATALES. Las recientes drogas de diseño, que tienen tantos nombres
como reclamos para su venta, son un producto directo de la alianza práctica entre la ciencia farmacoquímica, los intereses de las fracciones de la economía criminal más la intervención de las policías en la
permisividad de su producción y comercialización. La posibilidad de que los servicios secretos manipulen el
comercio de las nuevas drogas viene facilitada, además, por su control directo o indirecto de las redes ya
existentes y que se dedican a las "viejas" drogas ilegales. Las policías terminan conociendo más temprano que
tarde las disputas, fricciones y peleas que surgen entre las redes existentes, que se esfuerzan en controlar el
nuevo producto.
Las formas actuales de diversión masificada nocturna, en locales de baile y con una decoración apropiada,
altísima contaminación acústica, luces y sombras, etc., situados en rutas precisas, la del bakalao o simplemente
en calles y plazas, facilita la competitividad entre redes y los choques entre estas. Las policías terminan
conociendo esas crisis e incidiendo en ellas. Tienen multitud de recursos para controlar desde dentro ese
mundo y para, como hemos visto anteriormente, chantajear, amenazar, pactar, etc., con los traficantes. Para
mantener la sensación e imagen pública de efectividad y "protección ciudadana", periódicamente se detiene a
los menos importantes, a los sitos en las escalas más bajas, o se destroza a aquellas redes que no interesan por
diversas razones. Las que no son destrozadas es porque interesan al poder al funcionar dentro de su plan de
guerra bioquímica con la droga ilegal. También funcionan para sacar información, controlar determinados
barrios y a determinados locales y gentes, e incluso para servir, si fuera necesario, de grupos de choque de
extrema derecha. En los asaltos a sedes abertzales en el verano'97 participaron conocidos traficantes y
repartidores de drogas ilegales.
3-11.- Cocaína y drogas de diseño: nueva línea de ataque del Estado opresor en el frente bioquímico.
Méritos y fallos de la izquierda abertzale.
