las drogas una industria capitalista y opresora y la juven.pdf

Vista previa de texto
PONE AL EQUILIBRIO SIEMPRE TRANSITORIO, FUGAZ E INCIERTO ENTRE LA TASA
MEDIA DE BENEFICIO TOTAL DEL OPRESOR Y LAS DEMANDAS GLOBALES DE DOSIS DE
DROGAS POR PARTE DE LA SOCIEDAD. Dicho en otras palabras, la normalización es el nivel
permitido por el poder y funcional a sus intereses de consumo de drogas ilegales no calificadas como "duras",
e incluso, en los casos extremos, también de éstas, como veremos. Normalización es así, por ejemplo, la
tolerancia con que el poder deja que determinadas redes vendan marihuana, por ejemplo, para que circule en
determinadas horas y fechas, con tal de mantener el equilibrio controlador del sistema en su conjunto. Siguen
siendo ilegales pero son toleradas en gran medida, siempre que por disputas entre intereses internos a los
traficantes, relacionados con el poder, o por intereses propagandísticos sobre la "seguridad ciudadana",
por ejemplo, NO SE DECIDA ARREMETER CONTRA ELLAS.
Naturalmente, todo depende de la clase de droga ilegal. Hemos puesto el ejemplo de la marihuana, pero más
crudo y aleccionador es el de la heroína. En este caso, la "normalización" supone que el orden tolera que
circulen las dosis suficientes para que no aumente la tasa media de delincuencia si la oferta decrece por
detenciones masivas. Recordemos lo que sucedió en Madrid cuando por impericia y ganas de dar palos
autoritarios, la policía procedió hace unos meses a detenciones masivas de repartidores en los barrios míseros:
al desaparecer la oferta y aumentar la demanda, se multiplicaron los monos y con ellos las agresiones y
los problemas. A LOS POCOS DIAS EL ORDEN TUVO QUE "NORMALIZAR" EL REPARTO
CONSENTIDO Y CASI SIEMPRE CONTROLADO. INMEDIATAMENSE LA TASA DE
DELINCUENCIA BAJÓ A SUS NIVELES "NORMALES". Lo mismo sucede con cualquier droga: hace
poco más de un año, las distribuidoras legales de tabaco acapararon la mercancía porque iba a subir su precio
legal; los estancos, bares y proveedores legales se quedaron sin producto y se armó tal follón que Tabacalera
tuvo que cambiar sus planes.
Por esto, cuando hablamos de "normalizar el consumo de drogas" estamos moviéndonos en el plano de los
intereses capitalistas siempre que no introduzcamos el tema del uso no alienado de las drogas consideradas
como "blandas", es decir aquellas cuya reducida capacidad de adicción permite al sujeto un mayor
control, que lo tocaremos luego. Pero si hablamos de "normalizar el consumo" sólo desde la perspectiva
tramposa del "orden público", o de la facilidad del acceso legal para evitar la delincuencia, o de la necesidad de
controlar el dinero negro de la droga, etc., no hacemos sino aceptar el marco del sistema pues éste es el que
decide según sus ganancias, pérdidas e intereses totales. La progresía y las izquierdas cómodas, que sólo
piensan en parámetros de reforma pacífica de las cosas, reducen la "normalización" al reconocimiento
fáctico e incluso legal del consumo "normal" de las drogas "blandas", y de las llamadas "duras" previa
negociación de sistemas regulares, controladores y aseguradores de la higiene pública y de la salud personal.
Desde esta perspectiva, la normalización es la toma de postura a favor de aquellos sectores de la economía de la
droga interesados en su integración en la legalidad, en los impuestos, controles y tasas, como el alcohol, o como
cualquier psicofármaco de venta con o sin receta. En absoluto es una crítica radical de la producción social de
drogodependencias para el beneficio privado de la minoría dominante.
La "normalización" definitiva es imposible a la larga dentro de la economía y sociedad capitalista. Esta
cuestión es clave porque nos permite comprender mejor el problema de la legalización de las drogas, del que
luego hablaremos. Es imposible a la larga por la misma naturaleza del sistema que hace que, de un lado,
sean normalizados aquellos productos que cumplen sus efectos mejor en la legalidad opresora, mientras
que, de otro lado, le interesa mantener otros sin normalizar porque su efectividad opresora aumenta así.
Pero esta es sólo la parte menos importante del asunto, y una consecuencia de la realmente fundamental: LA
LÓGICA DEL BENEFICIO EXIGE QUE LA SOCIEDAD CAPITALISTA GENERE SIEMPRE
ECONOMÍA CRIMINAL, DROGA Y DROGODEPENDIENTES. Se trata de una necesidad genética,
ciega, objetiva, férrea. Ya hemos hablado de la economía criminal en el punto 2 y no nos extendemos ahora.
Esa necesidad hace que surjan periódicamente contradicciones no antagónicas dentro del capitalismo
entre las fracciones que COMPRENDEN Y POTENCIAN EL USO DE LAS DROGAS COMO
NEGOCIO Y ARMA OPRESOSA y quienes por diversos intereses exclusivamente egoístas, pretenden
regular, controlar o normalizar en ese período concreto el problema. Cada fracción tiene sus recursos, sus
ideólogos y propagandistas, sus "tontos útiles" como los papanatas de las izquierdas cómodas y melifluas, los
colectivos humanitaristas que son incapaces de rascar la superficie de la propaganda y conocer que hay por
debajo de ella, que desconocer la verdadera naturaleza del capitalismo.
