las drogas una industria capitalista y opresora y la juven.pdf


Vista previa del archivo PDF las-drogas-una-industria-capitalista-y-opresora-y-la-juven.pdf


Página 1...9 10 11121318

Vista previa de texto


El consumo de drogas, además, ha de verse desde tres perspectivas escalonadas: la de las drogas legales
vendidas por el sistema médico establecido; la de las drogas de consumo legalizado vendidas por la
economía normal y por último, la de las drogas ilegales vendidas por la economía criminal y por los
intereses políticos opresores. Las tres perspectivas de análisis responden a tres grandes áreas
interrelacionadas por la misma lógica del beneficio burgués.
Las drogas del sistema médico tienen la función elemental de mantener activa la fuerza de trabajo; de mantener
dentro del orden dominante los desgastes, crisis y estallidos de la estructura psicosomática humana, cada vez
más desestructurada y tensionada hasta límites insoportables por las nuevas exigencias del capitalismo
mundializado; de potenciar aquellos comportamientos de hiperactividad y alto rendimiento que se exige a la
gente en determinadas circunstancias, y que no se pueden lograr mediante las drogas legales normales y las
ilegales, aunque sean de efectos estimulantes y euforizantes inmediatos y explosivos, pero dañinos por sus
consecuencias posteriores. Una parte reducida de la función de las drogas legales del sistema médico es la
de aliviar el dolor de las enfermedades humanas, aunque esta parte sea la más ensalzada por la
propaganda médica.
Las drogas legales de consumo social masivo tienen la función de mantener activas muchas fuerzas
imprescindibles para el rendimiento laboral, en el trabajo doméstico, en las relaciones públicas jerarquizadas,
en las relaciones mal llamadas privadas y sometidas a las disciplinas de poder que funcionan en esa esfera; de
mantener en la subjetividad individual unos suficientes niveles de sedación o hiperactividad falsa, forzada, pero
necesaria para cumplir con las exigencias del orden; de ahogar periódica o frecuentemente a la persona en una
ficción escapista que le sumerja en un mundo ajeno y transitorio, cada vez más breve, que le dé calor y sentido
en una existencia gélida y sin sentido. Los límites de su consumo excesivo son marcados por cuatro
criterios establecidos por la dinámica histórica del poder existente en ese momento: la efectividad laboral
afectada por la merma de las facultades y de la salud; el cumplimiento de las leyes establecidas cuando el
comportamiento se vuelve excesivamente agresivo o atenta contra la propiedad y las fuerzas represivas; el
cumplimiento de los convencionalismos de comportamiento establecido como la forma de vestir, moverse,
vivir y ganarse la vida de grupos o individuos que rompen esos convencionalismos y, último, el costo
económico que para la clase dominante suponen las enfermedades causadas por la ingesta de esas drogas.
Cuando se dice que tal o cual droga, tabaco, alcohol, etc., causan tales o cuales enfermedades que cuestan tantas
cantidades de dinero a la "salud pública", la burguesía está diciendo que no está dispuesta a dedicar dinero del
que expropia al pueblo trabajador para sanar su salud; está diciendo que esas enfermedades serán cada vez más
pagadas privadamente, por el afectado o su familia, que no por la supuesta "salud pública". Y como el nivel de
drogadicción masiva legal aumenta, aumentan los gastos y la burguesía no quiere seguir mermando sus
beneficios e impone la privatización.
Las drogas ilegales tienen la función de sacar al mercado del consumo alienado aquellas drogas que por lo que
fuera no son aún legales, o son de muy difícil adquisición legal, de modo que mantiene una capa social
manipulable y utilizable para muchas cuestiones, como hemos visto arriba; también tiene la función de
satisfacer el consumo de productos todavía ilegales aunque los consumidores no estén alienados y dominen
ellos a la droga y no a la inversa, es decir, de aquellos estamentos del mercado que por lo que fuera están fuera
de la legalidad y, último, tienen la función de servir como armas bioquímicas contra las resistencias.
3-6.- La lógica del beneficio burgués que interrelaciona drogas médicas, legales e ilegales e impide a la
larga su "normalización".
La lógica del beneficio burgués que interrelaciona esos tres niveles no es otra que la del mantenimiento
del poder burgués. La continuidad del capitalismo es ya imposible sin el poder absoluto: de la economía,
del cuerpo, de la psique y de la mística de la libertad individual. Los tres niveles logran que la enorme
presión acumulada no haga estallar la olla social. La drogadicción masiva mediante el sistema médico, el
consumo social normalizado, y el consumo ilegal, permite que inmensas masas de desgraciad@s, infelices y
atormentad@s seres se crean que no lo están, o que lo están menos de lo que realmente lo están, o que podían
estar peor de lo que ya lo están. De este modo, junto a otros mecanismos del sistema, miles de seres se dejan
medicar, y otros miles piden, exigen, más medicación con psicofármacos, o mantienen niveles de drogadicción
normalizada, o buscan en el mercado ilegal las dosis que necesitan.
Es esta lógica del beneficio total la que impone los límites de la normalización plena del consumo ilegal y la
que regula la normalización del consumo legal. En realidad, la normalización ES EL NOMBRE QUE SE