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Respecto al contenido de la propuesta, para UPyD es importante distinguir los dos componentes
que la integran, es decir, el llamado Factor de Sostenibilidad y el Índice de Revalorización.
En cuanto al Factor de Sostenibilidad, su propósito es tener en cuenta la evolución de la
esperanza de vida en la cuantía inicial de las pensiones. Se trata de un objetivo en principio
razonable. Es difícil desvincular el futuro del sistema de pensiones de dicha variable. El Pacto de
Toledo ha adoptado en el pasado resoluciones en ese sentido, la Ley 27/2011 lo contemplaba
(aunque sin definirlo), y también lo hizo la postura de UPyD en el debate de dicha Ley. Se trata de
un componente sobre el que sería posible negociar.
No obstante, su diseño no está exento de problemas. La esperanza de vida media encubre
esperanzas de vida diferentes para distintas profesiones, o niveles de renta, que puede dar un
carácter regresivo a la propuesta. Y, en vez de utilizar el año inicial y el final del quinquenio para
calcular el aumento de la esperanza de vida, sería mejor utilizar una media móvil, lo que reduciría
la volatilidad de los cálculos.
Como el efecto de esta medida será paulatino y sólo entrará en vigor en 2019 (adelantando así su
entrada respecto al año 2027 inicialmente contemplado) sería imprescindible analizar con
cuidado estas cuestiones, mediante un Libro Blanco en el que interviniesen los organismos
ministeriales implicados, expertos independientes, partidos políticos y agentes sociales. Es decir,
para que UPyD pudiese apoyar este componente haría falta tiempo, un estudio más profundo,
una mejora de su diseño y que se separase en un Proyecto de Ley este primer componente del
segundo. Ninguna de estas condiciones se cumple, ni es previsible que se vaya a cumplir. De ahí
nuestro rechazo.
El segundo componente de la reforma es el Índice de Revalorización anual. En principio,
establecer la necesidad de cumplir una restricción presupuestaria que relacione gastos e ingresos
resulta aceptable. El problema es que a la restricción presupuestaria se le incorporan una serie de
características añadidas que hacen que, de los posibles escenarios a que podría conducir,
desemboque inexorablemente en uno: la pérdida continuada de poder adquisitivo de los
pensionistas.
Se le fijan a la fórmula unos topes máximo y mínimo que no son simétricos. En los años de
bonanza, pueden ganar un 0.25% sobre la inflación medida por el IPC. En los años malos, se les
revalorizará no un 0.25% por debajo de la inflación, sino un 0.25% sobre cero. Por ejemplo, con
una inflación del 2% (el objetivo de inflación del BCE para la zona euro) y una revalorización
mínima del 0.25%, perderían en un año 1.75 puntos de poder adquisitivo. Se necesitarían 7 años
consecutivos “buenos” para recuperarla. Los dados están trucados.
Congreso de los Diputados, extensión 5927
