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ROBERTO GARCÍA DE MESA

Como se puede observar, Claudio no lo dice o el entrevistador no
transcribe ninguna opinión del dramaturgo sobre la visión de Valle-Inclán
de la obra, que, tal y como se ha visto, se encarga de desautorizar aquel en
su «Prólogo» de 1950.
El siguiente capítulo de la historia de esta obra, y que es el objeto del
marco de estudio en este artículo, se inicia, probablemente, durante la
primera mitad de 1927. Se trata de un proceso que pudo desembocar en una
representación en París, pero que, al final, no pudo culminar por diversas
razones. En la entrevista que le hace Luis Alejandro, sobre el posible
estreno en la capital francesa, Claudio señala lo siguiente:

A París llevó la obra Luis Doreste. Allí la tradujo George Ramir y la envió al
teatro L’Oeuvre, que dirigía Lugné Poe. Los ensayos dieron comienzo en
seguida, y continuaron hasta vísperas del día anunciado para el estreno. Yo
estaba entonces en Londres. Me mandaron llamar. Fui. Hicimos un ensayo
general, con trajes y decorado y me encuentro con que Lugné Poe había
interpretado el sentido de Tic-tac totalmente distinto a como yo lo había
escrito. No quise hacer concesiones, y, con el dolor que puedes figurarte,
desistí de estrenar. Y aquello quedó paralizado [Alejandro, 1930: 2]4.

Es una explicación muy sintética la que recoge Luis Alejandro. Como
es sabido, Claudio de la Torre explica con cierto detalle este proceso en su
célebre «Prólogo» de 1950:
[...] En 1928, en fin, tuve la clásica rebeldía de enviar mi obra a París,
regocijándome de antemano con el insano pensamiento, tan juvenil, de que
mi obra se estrenase en el extranjero antes que en España. La obra, ¡oh,
prodigio!, fue aceptada por M. Lugné Poe, director del teatro «L’Oeuvre». A
los pocos meses me trasladé a París para los ensayos generales. París, ante
mis ojos, se reducía a unos cuantos programas de mano y a otras
publicaciones de espectáculos, en los que se anunciaba, con destacadas
letras, el próximo estreno de Tic-tac. Algún que otro cartel pegado en las
esquinas, por las cercanías del hotel «Terminus» –lugar para mí lleno de
entrañables recuerdos y que me llevaría, años después, por mil caminos
distintos, a dar el nombre del hotel a una de mis comedias, en la que se reúne
4

En la misma entrevista, Claudio de la Torre comentaba también que de Praga le habían
pedido autorización para traducirla del francés, pero que no les había dado dicha
autorización, todavía. También hablaba acerca de un posible montaje en Buenos Aires de la
obra por medio de Enrique de Rosas, que este le había pedido el texto y los bocetos de los
decorados, pero que no había sabido nada después.

Anagnórisis

Número 10, diciembre de 2014
B-16254-2011 ISSN 2013-6986