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ROBERTO GARCÍA DE MESA

podían, por lo tanto, diluirse estas escenas en un «ballet» o pantomima con
música o sin música. Lugné me oyó en silencio y luego me fulminó con su
mirada. Se puso en pie, dando por terminada la entrevista, y me dijo: «Su
punto de vista significa que yo me he equivocado en el montaje de su obra.
Me sorprende, pero tendré que pensarlo de nuevo». Salí abrumado del teatro.
Creo que en el fondo estaba arrepentido de mi intervención, ya que lo que
verdaderamente me importaba, dada la penosa historia de Tic-tac, era el
estreno de la obra, fuera como fuese. Conocía ya lo suficiente a Lugné Poe
para adivinar hasta qué punto había herido su orgullo profesional. No me
equivoqué en mis temores. El estreno fue suspendido indefinidamente y, al
cabo del tiempo, tras varias e infructuosas tentativas de concordia, abandoné
París con las manos vacías. ][5 De Tic-tac me olvidé durante todo un largo
año. Pero una noche, en Madrid, fui al desaparecido Café Castilla en
compañía del también entonces autor novel, Adolfo Torrado. En el Café nos
presentaron a un actor mejicano recién llegado a España, Fernando Soler,
que se disponía a debutar en el Teatro Infanta Beatriz. Amablemente, nos
preguntó si teníamos alguna obra para él. Los dos, Torrado y yo, nos
apresuramos a decirle que sí. Soler leyó Tic-tac y, aunque me costaba trabajo
dar crédito a mis oídos, me pareció escuchar estas palabras: «Será mi primer
estreno en Madrid». Efectivamente, Tic-tac se estrenó en el Teatro Infanta
Beatriz el 3 de octubre de 1930. De la mano de Fernando Soler, en el
escenario del teatro, recibí al fin aquella alegría que yo había esperado cinco
años. La rebeldía de la juventud, tema central de la obra, tenía ya entonces su
público. Fue, por decirlo de algún modo, mi primer éxito considerable, pero
el fatigoso batallar por el estreno influyó de tal modo en mi vida, que la
cambió por completo y le dio otro rumbo inesperado. Ingresé en los estudios
cinematográficos de la Paramount, en París, y con el trabajo de mi nuevo
oficio me alejé durante muchos años de los escenarios. [...]

Como se ha podido comprobar, este fragmento inédito supone un
valioso documento histórico para entender y profundizar un poco más, sobre
todo, en los enfoques que mantenían Claudio de la Torre y Lugné Poe sobre
el intento de representación de Tic-tac en París. Destaca especialmente que
el autor señala el año 1928, como punto de partida, pero, como se verá, lo
que hizo Claudio de la Torre fue abreviar la historia, ya que todo, en
realidad, comenzó un año antes, en 1927. A continuación, se demostrará
que, en efecto, los primeros contactos con París se realizarían en 1927, así
como los primeros intentos de representación. Y ello se ha podido saber

5

En el manuscrito original de esta conferencia hay una especie de marca como esta, que
parece indicar que durante la misma su intención pudiera ser una pausa para explicar algo.
Curiosamente, después de todo esto, omite el estreno en Canarias, como en su «Prólogo» de
1950, y pasa directamente al estreno en Madrid. Tal vez, con esa pausa describiera su
experiencia escénica con Tic-tac en las Islas.

Anagnórisis

Número 10, diciembre de 2014
B-16254-2011 ISSN 2013-6986