ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


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El ovalado rostro del doctor Ross se inclinó hacia delante. Una fina mano estrechó la mía y, con
deliciosa voz, el doctor declaró:
—Tengo un gran placer en conocerle.
—¡Ejem! —repetí.
—¿Sólo sabe decir "ejem"? —preguntó muy curioso el doctor Ross.
—Creo que también usted perdería la voz si le metiesen en un cuarto lleno de horrores, y cuando
esperase encontrarse delante de un fantasma viese avanzar hacia usted a la muchacha más
hermosa...
Me interrumpí. Sin embargo, no me arrepentía de mi desliz, pues el doctor Ross era en realidad la
doctora Ross, una joven bellísima. Su cabello rubio no estaba oculto por ninguna gorrita médica y
sus atractivas facciones estaban debidamente maquilladas, y su cuerpo esbelto quedaba bien
modelado por la bata blanca.
—Muchas gracias —dijo la doctora Ross sin ningún embarazo—. Bien venido al Instituto
Rocklynn. Supongo qué se interesa por la magia negra ¿verdad?
—Si todas las brujas son como usted...
—Lily Ross no es ninguna Circe —me interrumpió el profesor Keith—, y a usted no se le contrata
para que la piropee. Hay mucho trabajo que hacer. Esta tarde invocaremos a un demonio.
—¡Demonio! —exclamé en broma—. ¿Habla en serio?
Keith sacó del bolsillo unos papeles y los colocó sobre la mesa, junto a un crucifijo invertido en el
que estaba clavado un murciélago, cabeza abajo. Sacando una pluma estilográfica me lo tendió.
—Firme.
—¿Qué he de firmar?
—El contrato que compromete sus servicios por tres meses. Diez mil dólares. Cinco mil ahora y
otros cinco mil al término de nuestro ¡experimento. ¿Conforme?
—Desde luego —asentí.
Con mano temblorosa firmé el contrato, recibiendo del profesor Keith el cheque extendido por él
mismo.
—Bien —sonrió Keith, guardando los documentos—. ¿Podemos empezar ya, Lily?
—Todo está dispuesto, profesor —replicó la joven.
—Entonces, trace el pentagrama —murmuró Keith—. En la nevera encontrará la sangre
perfectamente conservada. Recite la invocación y encienda los fuegos. Yo la protegeré con los
revólveres. Si ocurriese algo dispararía a matar.
Con una amable sonrisa, Keith sacó dos revólveres que llevaba en sus fundas sobaqueras y los
empuñó fuertemente.
II. La Aparición.
—Están cargados con balas de plata —me explicó el profesor—. Son excelentes contra los
vampiros, los hombres-lobo y los vrykolas. No sé lo eficaces que puedan ser contra los dracónibus...
—¿Qué?
—Un dracónibu es un cacodemonio de la noche. Una especie de íncubo. Si el abate Richalmus no
se engaña. Empleamos su invocación del libro Líber revelatonium de insídiate versutiis daemonum
adversus homines. Dice que esos seres son negros, escamosos, de aspecto casi humano, aparte de
las alas y los colmillos, pero de un orden inferior de inteligencia. Son algo semejantes a los
elementales. Si las balas nada pueden contra ellos, siempre queda el pentagrama. Ya sabe qué es: