ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf

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Enoch estaba conmigo y me aconsejó que no dejara huellas. Me deshice de los zapatos. Le pregunté
que tenía que hacer con el auto. Enoch me sugirió que lo empujara hasta la arena movediza con un
largo tronco. No estaba seguro de conseguirlo, pero lo logré. Incluso antes de lo que pensaba. Era
un alivio ver el coche hundirse en el pantano. Tiré también la llave inglesa. Luego Enoch me dijo
que volviera a casa. Empecé a notar una acolchada sensación de sueño. Noté vagamente que Enoch
me abandonaba, corriendo locamente hacia el pantano para tomar su recompensa...No sé cuanto
tiempo dormí. Creo que mucho. Todo lo que recuerdo es que por fin comencé a despertar. Sabía que
Enoch estaba de nuevo conmigo, pero presentí que algo no marchaba como era debido. Luego me
desperté por completo, pues comprendí que estaban llamando a la puerta. Esperé un momento.
Pensé que Enoch me habría sugerido lo que tenía que hacer. Pero Enoch dormía.
Él duerme siempre después de... Nada puede despertarlo durante días y días. Y durante ese tiempo,
yo estoy libre. Normalmente me gusta esa libertad. Pero no en aquel momento. ¡En aquel momento
necesitaba su ayuda! Los golpes en mi puerta se intensificaron, por lo que me levanté a abrir. Entró
el viejo sheriff Shelby.
-Vamos, Seth -me dijo-. Estás detenido.
No dije nada. Sus ojuelos negros rebuscaban por todos los rincones de la cabaña. Cuando me miró,
hubiera querido esconderme. Estaba muy asustado.
-La familia de Emily Robbins nos ha informado que la chica tenía que pasar por el pantano-me dijo
el sheriff-. Entonces hemos seguido el rastro de las ruedas hasta las arenas movedizas.
Enoch se había olvidado del rastro de los neumáticos... ¿Qué debía decir?
-Cualquier cosa que digas puede ser usada en tu contra -añadió el sheriff Shelby-. ¡Vamos Seth!
Fui con él. No podía hacer otra cosa. Fui con él a la ciudad, y una gran multitud corría tras el coche.
Había también mujeres, y les gritaban a los hombres que me colgasen. Pero el sheriff Shelby los
mantuvo alejados, y por fin llegué sano y salvo a la prisión. El sheriff me hizo pasar a la celda
central. Las dos celdas a ambos lados estaban vacías, y por tanto, estaba solo. Solo, sin contar a
Enoch, que seguía durmiendo a pesar de todo.
Todavía era temprano, y el sheriff salió con otros hombres. Me imaginé que irían a sacarlos cuerpos
de las arenas movedizas. Pero no pregunté nada, aunque me inspiraba curiosidad. Con Charley
Potter era otra cosa. Quería saberlo todo. El sheriff Shelby lo había dejado de guardia durante su
ausencia. Me trajo el desayuno y empezó a hacerme un montón de preguntas. Pero yo permanecí
callado. Sólo me faltaba ponerme a hablar con un chiflado como Charley Potter. Él pensaba que yo
estaba loco. Igual que la plebe de allí fuera. Mucha gente, en la ciudad, estaba convencida de mi
locura, posiblemente por lo de mi madre, y también porque vivía solo cerca del pantano.¿Qué le
podía decir a Charley Potter? Si le hubiera hablado de Enoch no me habría creído. Por eso no hablé.
Me limité a escuchar. Charley Potter me habló de la búsqueda de Emily Robbins. Me habló también
de las dudas que el sheriff albergaba sobre la desaparición de otras personas. Me dijo que habría un
gran proceso y que vendría el Procurador del Distrito desde Country Seat. Había oído decir también
que mandarían un médico para que me visitara. En efecto, era verdad. En cuanto terminé de
desayunar, llegó el doctor. Charley Potter lo vio llegar y salió a su encuentro. Le costó bastante
trabajo dispersar a la gente que quería entrar. Creo que querían lincharme.
El doctor era un hombre pequeño, con una ridícula barbita. Le dijo a Charley Potter que se alejara,
se sentó fuera de la celda y comenzó a hablarme. Se llamaba Silversmith. Hasta aquel momento yo
