ROBERT BLOCH Biografia y Compilado De Relatos.pdf


Vista previa del archivo PDF robert-bloch-biografia-y-compilado-de-relatos.pdf


Página 1...16 17 181920146

Vista previa de texto


no había comprendido gran cosa. Había pasado todo demasiado de prisa y no había tenido tiempo ni
de pensar. Parecía un sueño: el sheriff, la multitud y aquella conversación sobre el proceso; el
linchamiento, el cuerpo en el pantano...Pero, de alguna manera, la visita del doctor Silversmith
cambió la situación. Era una persona de verdad. Era un médico que había intentado hacerme
internar cuando encontraron a mi madre. Ésa fue la primera cosa que el doctor Silversmith me
preguntó: qué le había pasado a mi madre. Parecía como si lo supiera casi todo sobre mí, y por eso
me resultó más sencillo hablar. Me puse a hablarle de mil cosas. De cómo mi madre y yo vivíamos
en la cabaña. Cómo fabricaba ella los filtros y los vendía. Le hablé de la gran olla, de cómo
recogíamos hierbas aromáticas por la noche. De cuando mi madre salió sola y de los extraños ruidos
que oí. No quería decirle más. Pero el doctor sabía que a mi madre la llamaban "bruja". Sabía
también cómo había muerto, cuando Sante Dinorelli había venido a nuestra choza aquella tarde y la
había apuñalado por hacer un filtro para su hija, que se había fugado con aquel hombre. Sabía que
vivía solo en el pantano. Pero no sabía de Enoch.
Enoch, que estaba durmiendo sobre mi cabeza, que no sabía lo que me estaba pasando...De alguna
manera le hablé de Enoch al doctor Silversmith. Quería explicarle que en realidad no había sido yo
quien había matado a la chica. Por eso tuve que hablar de Enoch y de cómo mi madre había hecho
el pacto en el bosque. No me llevó consigo, yo sólo tenía doce años; pero se llevó un poco de sangre
mía en un frasco. Cuando volvió, Enoch estaba con ella. Y sería mío para siempre, me aseguró mi
madre, y me ayudaría y protegería siempre. Dije estas cosas con mucha cautela, y expliqué por qué
no podía hacer nada solo: desde que había muerto mi madre, Enoch me había guiado siempre. Sí,
durante todos aquellos años, Enoch me había protegido siempre, como había acordado con mi
madre. Ella sabía que yo no podía quedarme solo.
Le expliqué esto al doctor Silversmith, porque me parecía un hombre sabio, capaz de
comprenderme. Pero me equivocaba. Me di cuenta en seguida. Porque mientras el doctor meneaba
la cabeza y repetía continuamente "sí, sí", yo notaba sus ojos sobre mí. La misma mirada de la
plebe. Ojos mezquinos. Ojos que no te creen cuando te miran. Ojos curiosos, furtivos. Me hizo un
montón de preguntas ridículas. Sobre Enoch, ante todo. Yo sabía que no creía en él. Me preguntó
cómo podía sentir a Enoch si no era capaz de verlo. Me preguntó si había oído otras voces. Me
preguntó qué había sentido mientras mataba a Emily Robbins y si yo...Pero yo no tenía la menor
intención de contestar a sus preguntas. Me hablaba como si estuviera loco. Me había engañado,
hablando de Enoch. Me lo demostró al preguntarme cuántas personas más había matado. Y además
quería saber dónde estaban sus cabezas. No podía engañarme otra vez. Me reí de él y me encerré en
mí mismo como una ostra. El doctor se marchó meneando la cabeza. Me reí de él porque sabia que
no había encontrado lo que buscaba. Él quería descubrir todos los secretos de mi madre, los míos y
los de Enoch. Pero no lo había conseguido y yo me reía. Luego me acosté. Dormí casi toda la tarde.
Cuando desperté había otra persona junto a mi celda. Tenía un rostro grande y sonriente y ojos
simpáticos.
-Hola Seth -dijo amigablemente-. ¿Has dormido bien?
Me toqué la cabeza. Enoch estaba allí y dormía. Se mueve incluso mientras duerme.
-No te asustes -dijo el hombre-. No quiero hacerte daño.
-¿Le ha mandado el doctor? -le pregunté.
El hombre rió.
-No, no te preocupes. Me llamo Cassidy. Edwin Cassidy. Soy el Procurador del distrito.¿Puedo
entrar?
-Estoy encerrado -le dije.