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La Palabra
“
Yo digo que está bárbaro que los chicos
aprendan a tocar el
bombo, pero digo que
antes tienen que tener
algunas cosas resueltas.
Si después de ir al taller
volvés a tu casa, tenés
goteras, pasás frío, tu
mamá está golpeada,
ves cosas que a esa edad
no tenés que ver; al otro
día no tenés ganas de
tocar el bombo. Tenés
ganas de matarte, de
desaparecer.
”
-Pero la Granja, su ambiente, esos valores no están en
todos lados. Desaparecen, a veces, a muy pocos metros. ¿Cómo se trabaja cuando hay dos realidades: la
de la Granja y la de los peligrosos espacios que se
multiplican en la calle?
-Sobreviven porque se los fortalece en la Granja. Tienen
cosas resueltas. Te voy a contar un caso. Jorge cuida el
zoológico; cobra sueldo y tiene 17 años. Los sábados
termina su trabajo, va a su casa y a la noche sale con sus
amigos. Y él no necesita robar un teléfono. El tiene su
trabajo y tiene 5 o 6 mil pesos en su bolsillo. Entonces
él es quien invita a sus amigos a tomar una cerveza en la
esquina o los invita con la entrada al boliche. Ese es su
orgullo porque lo ha conseguido trabajando. Y así muchos casos que conozco a lo largo de 25 años.
-El trabajo, parece ser el punto al que siempre volvés.
-Yo, a veces, escucho que muchos programas que bajan
hablan de hacer un taller de bombo. Yo digo que está
bárbaro que los chicos aprendan a tocar el bombo, pero
digo que antes tienen que tener algunas cosas resultas.
Si después de ir al taller volvés a tu casa, tenés goteras,
pasás frío, tu mamá está golpeada, ves cosas que a esa
edad no tenés que ver; al otro día no tenés ganas de tocar
el bombo. Tenés ganas de matarte, de desaparecer. Y
esta visión nos ha llevado a tener peleas muy grandes.
Hemos peleado contra ese sistema que criticamos.
Cuando se empiezan a resolver cosas, el mundo deja de
ser tan agresivo. Vas a la Granja, ves animales, verde,
amigos y las cosas empiezan a ser más fáciles. Es el
color y olor que tiene que tener la vida a los seis años.
Cada uno de nuestros pibes que vuelve a la Granja con su
mujer y sus hijos nosotros creemos que se lo hemos robado al sistema perverso de la barrita, el robo y la droga.
Pero la pelea no es fácil. El sistema se defiende porque
se nutre de esos pibes que caen.
-Insisto, el punto parece culminar siempre en el trabajo.
- Yo en estos 25 años me la he pasado buscando y creando puestos de trabajo adentro de la Granja. Después,
cuando los pibes creen que lo que vos le estás pagando
es poco, ellos mismos buscan afuera y van mejorando el
ingreso. Así se ha dado que nuestros chicos hoy son albañiles, herreros, jardineros, y parte de tantos otros oficios.
Walter Fernández, Diego Bossio, durante una de las últimas recorridas
por la obra del Jardín de Infantes que alojará a los más pequeños de la granja.
Ha pasado que pierden el trabajo y entonces vuelven a la
Granja hasta que logran conseguirlo nuevamente. Y vuelven porque ellos están formados para trabajar. No se les
ocurre salir de “caño” una noche a conseguir plata. Y así,
cuando no había lugar para ellos en las tareas de la Granja
hemos inventado cooperativas, emprendimientos o algo
que les diera respuesta en esa coyuntura.
-Por un lado, las expectativas con las formaciones y
capacitaciones y luego, la realidad. No siempre se
consigue trabajo.
-Lo peor que le puede pasar a un chico es frustrarse en
el mundo del trabajo cuando lo hemos venido formando
en eso desde que tenía un año. El Estado tiene posibilidades de dar una mano en ese sentido.
-Forma para el trabajo en sus propios espacios pero no
suele tomarlos en los trabajos que requiere.
-Es una gran contradicción y nosotros en Tandil lo hemos
planteado. No son tantos los egresados que cumplen los
18 años en los hogares oficiales. Tal vez uno o dos pibes
por año. La verdad es que no le costaría nada al Municipio absorberlos y darles un trabajo ya que requieren de
varios oficios. No tiene sentido que el Estado cuide de un
pibe de los 5 a los 18 años y finalmente deje que termine
en Sierra Chica.
El círculo hay que cerrarlo y para eso se necesita el trabajo. Esos chicos precisan la plata porque no está ni
mamá ni papá detrás para sostenerlos. Y esos chicos van
a conseguirla. Si algo le sobra a estos chicos que nacieron en tan malas condiciones es el coraje. Tienen coraje
para las cosas buenas y para las malas también.
Muchas veces, les falta la oportunidad. Hay que darles
una oportunidad. Luego, los chicos no son tontos. A
nadie le gusta vivir en el filo de la navaja, escondido o corriendo.
-Parecería haber programas y fondos nacionales, provinciales y municipales. Mucho dinero y mucha actividad no siempre coordinada y organizada.
- A veces falta la decisión de utilizar los dineros -que son
muchos- para que estén a favor de los pibes y no para
alimentar la Industria del Menor. Esos temas se pueden
discutir pero enfrente tenés que tener a una persona que
tenga voluntad de cambiar las cosas. Si te escuchan pero
luego no modifican nada, no tiene sentido perder el
tiempo discutiendo.
Nosotros mostramos lo que hemos logrado. Tenemos
mucho para mostrar y demostrar cuál es el camino. Nosotros podemos hablar de cada uno de nuestros cien
pibes. Sabemos qué hacen, dónde están, no perdemos
el contacto más allá de que ya no estén en la Granja.
-Ese perece ser tu mejor argumento, aunque no deben
haber faltado sinsabores.
-El argumento lo dan los pibes. Este año vamos a cumplir 25 años y en la inauguración del Jardín de Infantes
van estar casi todos, seguramente. A uno lo llena de satisfacción haber dado una mano a tantos chicos, hoy
hombres y mujeres. Es cierto que hay sinsabores también, pero en general hay más alegrías.
“
Sabemos qué hacen
nuestros pibes, dónde
están, no perdemos el
contacto más allá de
que ya no estén en la
Granja.
”
¿Pero querés que te diga qué me da más satisfacción?
saber que la gran mayoría de ellos tiene una postura ante
la vida. Los que trabajan en blanco son, generalmente,
delegados; los que mandan sus hijos a una escuela, son
parte de la cooperadora; si viven en un barrio, son parte
de la comisión vecinal. Son personas que saben dónde
tienen que estar parados. Eso es lo que nos dice a Mabel
y a mí que tan mal no hemos hecho las cosas.
No hay recetas. Hemos aprendido, la mayor parte del
tiempo, de los mismos pibes; estando todo el tiempo a su
lado; cuando le duele una muela y cuando vamos a la
playa de vacaciones; cuando regamos las plantas y le
damos de comer a los animales. También cuando le curamos una herida. No se puede estar en estos espacios
con horarios de oficina. Hay que vivir ahí y compartir la
vida. Es la única manera.
OCTUBRE 2014 • 7
