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La Palabra
Octubre de 2014
Crónicas del bar
“El Dato”
San Miguel
Entra el Colorado al bar y apenas saluda. Un gesto
C
acheta le corre la silla que está a su lado invitándolo a sentarse. Amaga con pararse, pero no;
apenas despega el culo de la silla. Entre varones
debe haber cortesía pero sin exageraciones. Cacheta no lo piensa, pero lo hace instintivamente.
Es hombre de la Cultura, pero guarda las formas.
Están en el Bar el Dato.
El Colorado retarda el diálogo. Mientras tanto su amigo,
juega con unos maníes que dejó el anterior ocupante de la
mesa. Anda corto, como siempre. Por eso no anticipó la
copa.
ligero, una levantada de cabeza para ver dónde
está su amigo. Y vuelve bajar el rostro. Se lo nota
agotado, a punto del derrumbe.
La frente mojada, la nuca como después de la
ducha. Y un brazo envuelto en grafa azul que se
levanta para contener la precipitación del sudor.
-Estás roto -le dice-.
-Roto es poco –responde-. Estoy más cansado que plomero
del Titanic.
Cacheta suelta la risa. Lo sorprendió el chiste.
-Más cansado que turista canadiense en la Boca –retruca
para no ser menos y más actual-.
-Más cansado que cortapasto de Lunghi –replica el Colorado
ya con una sonrisa y entrando en terreno laboral-.
-Más cansado que Dios el día domingo –suelta Cacheta seguro de haber encontrado una cura infalible contra el agotamiento de su amigo.
Sin embargo, el Colorado le devuelve una mirada de incredulidad, como si hubiese tocado un botón secreto, el botón
que no debía tocar.
-Ni lo nombres, che –se exaltó-. Ni lo nombres que por estos
días lo veo hasta en la sopa. Lo veo cuando voy; lo veo
cuando vengo. Todo el tiempo parece que está ahí, mirándome, pidiéndome una mano.
-Es que por estos días estamos tratando de subir el nuevo
Cristo al pedestal y no sabés lo que pesa el mamotreto ese.
Mirá cómo quedé, más raspado que Maggiori en el directorio de la Usina. Estamos desde las siete ahí, al pie del cerro.
Y ni madrugando nos dio una mano. Aunque más no sea por
una cuestión familiar. Nada che. Ni un mísero milagro. El
que pide milagros es el Jefecito para llegar a la fecha señalada.
cuando digo copiado es copiado. Un funcionario alcahuete,
conocedor de sobra de que el mal gusto lo puede al jefecito
le sacó una foto a un perro hecho de tanques de aceite y le
sugirió la idea al Lunghi. Compró al contado. El Intendente
que trabaja de parquero salió, como perro con dos colas, a
buscar a su Miguel Angel, a su Da Vinci y no encontró quien
quisiera hacérselo. Es feo copiar a otro artista, pero copiarle
una porquería es un desquicio.
-Decís que el médico que trabaja de intendente y el intendente que trabaja de parquero está cortando clavos.
-Laaa mierdaaa -reflexionó Cacheta-.
-¿Para qué? –pregunta el Colorado- si este Cristo no va crucificado.
-Es una metáfora, Colo. Me refiero al apuro del decorador supremo. Quiero decir que debe estar muy emocionado con
poder mostrar su Cristo el 12 de octubre, el día que llegó el
Cristo católico y español a estas tierras y nos conquistó.
-Viejo con esa estatua no va a conquistar ni a la cieguita Adelaida. ¡No te imaginás lo fiera que es!
-Cacheta creyó que su amigo estaba sufriendo un pico de
..en Tandil, la ciudad
donde la Piedra Movediza
no se mueve y donde la
industria metalúrgica no
mecaniza, tenés a un cura
que hace casas y cuida
pibes y a un Intendente
que hace Cristos y habla
de sueños.
-He escuchado comentarios, sí, pero primero hay que ver –respondió Cacheta
tratando de hacer valer su perfil artístico y componedor.
-No no, viejo ¡Creeme! Es una mezcla
de Inodoro Pereyra y gatito de la suerte
chino. Tiene cara de indio retobau y bracitos que aunque los pudiese estirar no
se podría rascar ni la nariz.
-Y sí… realmente –asintió el municipal que a esa altura ya
besaba “la” Gancia y recuperaba el color-.
-Pensándolo bien, hay esculturas muy lindas y otras que son
una verdadera porquería, che. Como si el hombre tuviese
trastornos de personalidad, un increíble Hulk, un Doctor
Jekyll de la jardinería y el decoupage…
-Me han dicho que, al estilo de los Médicis de Florencia,
Lunghi tiene en su corte decenas de artistas dando vueltas.
Y escucha propuestas. Algunas son muy buenas y otras, un
chiste. Se pelean por ganar los favores del jefecito. Y en esa
carrera le ofrecen cualquier cosa: desde gnomos hasta jesuses. Dicen que algunos salen de viaje con la cámara de fotos
para recopilarle adefesios.
-Nooo. Un atentado al buen gusto…
-Lo dijiste vos. En cualquier momento van a empezar los
atentados. Parece que se está armando una logia, un grupo
secreto compuesto por escultores, artesanos y arregladores
florales que van a hacer Justicia por mano propia.
-Tan feo no será.
-Una suerte de Vengadores…
-Es peor, che. Compite de lleno con las
esculturas dedicadas a las madres y a
los bomberos que pululan en los pueblos. Es realmente… ¿Como decirlo
sin exagerar?… feaso.
-Ni más ni menos. Artistas enceguecidos por las groserías
que han empezado a poblar plazas, parques y todo rincón
verde en donde no entre una fuente de agua. El Big Bang del
mal gustó empezó con los respaldares de cama en la avenida
que lleva al Dique y desde entonces no hemos parado. Una
carrera loca hacia el Cristo Matrero.
-¿Vos decís que no compite con el oficial,
misticismo. El Colorado tiene menos iglesias que Azucena,
pero evidentemente estaba sufriendo un cuadro teológicofebril.
el del Calvario?
-¿Y la Iglesia no se ha expedido?
-Yo te digo que comparar uno con otro es como comparar los
perros de bronce de la Plaza del Centro con el “Jorgito”.
-Pará viejo, me asustás. ¿Cómo que estás cansado de ver a
Dios?
-¿Jorgito?
-Bueno, a Dios no. A su hijo, quise decir.
-Sí Jorgito. El perro hecho con tachos que copiaron de uno
de Tigre.
-Las cosas han cambiado, Cacheta. Antes, la Iglesia se dedicaba a las imágenes y al más allá; y la política se dedicaba a
las cosas y al más acá. Pero en Tandil, la ciudad donde la Piedra Movediza no se mueve y donde la industria metalúrgica
no mecaniza, tenés a un cura que hace casas y cuida pibes y
a un intendente que hace Cristos y habla de sueños.
-Inspirado, querrás decir…
-Dios nos salve…
-Escuchame bien Cacheta –y se levantó un tanto de la silla-,
-El del Calvario, Cacheta, el del Calvario.
-Che, no estás aclarando nada. ¿Nunca te enseñaron lo del
tres en uno y lo del uno en tres? –dijo y sonaba a un vendedor de “Sprayette”-.
