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TEXTO: Las viejas mañanas correntinas por Franklin Rúveda
LAS VIEJAS MAÑANAS CORRENTINAS
Corrientes se despereza
en la lánguida mañana.
Un sol dorado y meloso
cae tibio por las casas,
para extenderse hasta el fondo
de las calles onduladas.
La luz decora reflejos
en la enrejada ventana
y en los vivos amarillos
de las antiguas fachadas.
Sobre la acera de sombra,
zaguanes frescos y en calma.
Al plic – plic del caballito
picando en el pavimento,
erguido sobre los bastos,
tirado atrás el sombrero
de la alita levantada,
-flojo hacia el hombro el
pañuelo-,
el lecherito se acerca
trotando desde muy lejos.
Una mano en la cintura,
muy serio el rostro trigueño,
solo mira a su costado
para decir un requiebro.
Tras él, se llegan las voces
del pregonar chacarero
que entrando por los caminos
se vuelcan con ritmo lento,
para dejar en las calles
la voz antigua del suelo.
Viene llegando despacio
a los portales abiertos
la voz de la maletera
cantándole en el acento:
-Ba-taa-tas y man-di-o-cas!-.
Mujer morena del pueblo
que monta con sus maletas
un cabayú flacuchento,
para traer desde leguas
aquella que va ofreciendo:
-Choclos, yetï, man-di-o-cas,
zapallo, gallina y huevos!...
Por las angostas veredas,
como una señal convenida
se responden desde lejos
pregoneras correntinas:
-Naranjas!... ¡La naranjera!...
Pomelo, limón y lima!Se oye cálida en el aire
la cadencia guaraní:
-Llevo mamón para dulce,
llevo también agua-í.
Tengo lima puru-áPasa humilde una guainita
con una cesta en el brazo
y su fresca vocecilla
frutos variados pregona
con tonada cantarina:
-Tengo mucho guaviyú,
mbocayá, guayabas lindas
y coquitos de San Juan!...
¿No quiere comprar, mi niña?-.
También llama en los zaguanes
el pregonar suburbano,
y en los patios con jazmines
resuena como invitando:
-Che ama: checharronera!
Lindo el chicharrón trenzado!-.
Y allá, desde calle arriba,
como flotándole el tacho
sobre la erguida cabeza,
llega con rítmico paso
la vieja mazamorrera
arrebozada en su manto:
-¡Mazamorrera, marchanta!
Trae patrona tu plato!Desde el canasto que cubre
con lienzo recién lavado
sale un aroma caliente
que se va desparramando
al pasar la chipacera:
-Chipá recién horneado.
Rico chipá de almidón,
bien hechito y bien barato!...-
Ante el umbral de otra puerta
de pronto se anuncia a gritos
la oferta del pasajero:
-Cardenales y pilinchos,
pacaá jha chiricó,
teru-teru y boyeritos!-.
El sol calienta sus oros,
fulgiendo en los tonos vivos
de las batas y polleras.
