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Revista Número 3
KAMINU LIMAY
fuera su novio me sentiría derrotado; una mujer como Lisa puede
terminar con un jueves en una palabra, puede hacer pasar una hora
de jueves en un día lunes. Cuando la vi me sentí completamente en
jueves siendo lunes, el cuerpo se me escurría entre los segundos y la
extraña sensación de que no debí verla un lunes se me hacía eterna;
ella me miraba y yo la miraba, no me sonrió y yo le sonreí, y así
pasamos, como si fuéramos desconocidos, y en verdad lo somos; ese
lunes descubrí que no la tenía y que jamás la podía perder, así que
me despreocupé por completo y los choques eléctricos que pasaban
por mi piel siguieron intactos y aunque lo niegue yo la amo, pero
por la despreocupación del jueves pequeño se me pasó todo el día y
estoy seguro de que cuando la conozca de verdad y me conozca de
verdad nos alejaremos por pura salud social.
A las dos horas de llamarla me regresó la llamada, así supe que
también me quería, al fondo se escuchaba su televisor y ella
cambiaba de canal por pura ansiedad. Quien llama a alguien que le
interesa, por la ansiedad de no cargarla no puede quedarse quieto y
debe mover cualquier cosa, tocar algo, mirar algo o hacer algo. Por
eso supe que me quería. En sus palabras sonaba el tono amargo de
la excusa, no entendía por qué lo hacía, Lisa no era una mujer que
diera excusas; incluso llegó a la cosa más imbécil de dar disculpas
por no saludar en la calle. Recordé cuando arruiné las flores de
mamá y quería hacerle creer que me importaba dando disculpas y
haciendo promesas. Las palabras de Lisa sonaban tan falsas o si
eran verdaderas era una función del meinportaunculismo radical
del lunes nocturno cuando veo las horribles noticias colombianas a
las que no les presto atención. No sabía si era Lisa quien me llamaba
o era un zombi mordido por el lunes que llamaba a disculparse por
las cosas más estúpidas de la calle, porque al hablar tenía una voz
completamente distinta. Cuando uno no quiere saludar no saluda y
punto, pero no llama a excusarse como la más cruel desquiciada por
la otredad. En mi caso, me parecía absurdo, realmente innecesario,
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