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Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda - Libro 1
ningún pueblo a los pies del castillo, ni murallas, ni nada, solo aire, ni siquiera hay suelo alguno,
solo se ve una espesa niebla que lo cubre todo; niebla o nubes. ¿Estamos en un castillo en mitad del
aire? No, si me fijo bien, a lo lejos se ven enormes montañas que nos rodean por completo, algunos
deben de ser volcanes, porque me parece ver rojo fluyendo en varias.
Mientras empiezo a preocuparme oigo un ruido familiar, es el que hace una espada al cortar el
aire, el que hace un espadachín cuando practica con su espada moviéndola de arriba abajo, como si
cortara algo invisible por la mitad. Voy corriendo por la esperanza de ver a mi joven guardián, y allí
está, practicando como imaginaba al lado de una gran fuente rodeada de todo tipo de flores que le
daban al lugar un colorido muy alegre. Cuando me acerco veo que está muy cambiado, está
entrenando con solo unos pantalones y unas botas puestas, tiene todo el torso desnudo, y veo que ha
ganado peso, y también que la mayoría de las heridas y cicatrices más recientes han desaparecido
por completo, es más, la herida que casi le mata no le ha dejado ni señal. Se ha cortado el pelo, lo
tendrá como mucho de largo como el grosor de un dedo, y está afeitado. Al acercarme gira la
cabeza con brusquedad hacía mí y se forma en su cara una sonrisa de oreja a oreja.
—¡Su Divinidad! —Me grita de alegría, suelta la espada y viene hacia mí corriendo.
Al principio me dio la sensación de que venía a abrazarme, lo cual me hizo sentir incómoda, pero
cuando llegó a un par de metros de mí, se puso de rodillas, inclinó la cabeza y me dijo:
—Cuanto me alegro de volver a verla despierta, Su Divinidad. Empezaba a preocuparme de
verdad. — Dijo sin dejar de sonreír, lo cual es poco frecuente en él.
—¿De verdad? ¿Cuánto tiempo he dormido? —Le pregunté con curiosidad sincera.
—Cuando yo me desperté hará cosa de cuatro meses ya estaba completamente dormida. Si las
Moiras no me mintieron, lleva durmiendo medio año. — Me lo dijo automáticamente, ha debido
imaginar esta conversación infinidad de veces.
—¿¡Medio año!? — Pregunto exaltada por el miedo. —¿¡Cómo he podido dormir tanto tiempo!?
¿¡Qué demonios me hicieron!? ¿¡Por qué no me has despertado antes!?
—Por favor, Su Divinidad, no se altere. — Dijo mientras se levantaba y ponía los brazos en
posición defensiva. — No pude despertarla, además, sea lo que sea lo que le hicieron le sentó bien,
mírese, está como nueva.
Es cierto que me siento con fuerzas renovadas, física y mentalmente totalmente recuperada,
como no me había sentido en muchos años, pero aún así ha sido demasiado tiempo.
—Además, las moiras me dijeron que no debemos preocuparnos por el tiempo, no quisieron
especificarme a qué se referían, pero dado que nos han curado, es de suponer que no nos quieren ver
fallar en nuestra misión, o que ese no es nuestro destino. — Me dijo intentando tranquilizarme,
aunque no lo consiguió.
—Las moiras, es cierto, ¿dónde están? — Pregunto con un tono más autoritario del que quería.
Con lo extraño que me resulta todo no había caído en su ausencia.
—No lo sé, Su Divinidad, cuando desperté, solo estaba la menor de ellas, pero en cuanto me dijo
que ya estaba curado y que usted todavía tardaría un tiempo en despertar, se marchó. No sé a dónde,
pero antes de desaparecer me dijo que volvería en cuanto usted despertara, así que supongo que
aparecerán pronto. — Dijo aparentando tranquilidad.
Estos meses de paz le han debido sentar bien, no lo veo tan estresado como antes, y como se ha
recuperado físicamente, lo veo tal y como era antes de que se torciera todo.
—Supongo que no tiene sentido ponerse a divagar, dudo mucho que dé con el motivo de en
dónde estamos y por qué. — Le digo mientras observo los alrededores. — ¿Has investigado los
alrededores del castillo? — Le pregunto sin demasiadas esperanzas.
—Solo desde las almenas, no se ve nada más que una espesa niebla en los alrededores, ni se oye
vida animal alguna. No he explorado por el riesgo que supone salir a territorio desconocido sin
protección ni arma alguna. Además, no quería alejarme demasiado de usted. — Me dijo en tono de
disculpa.
—Fue lo más sensato, hiciste bien. — Dije para tranquilizarlo.
Darío Ordóñez Barba

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