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LOS CAMPEONATOS MUNDIALES DE FÚTBOL: UNA FORMA DIFERENTE DE CONTAR LA HISTORIA
partido a los 20' luego de que Pablo Dorado abriera el score a los 12', y sus declaraciones se refieren a un momento en que Argentina vencía 2-1 gracias a que
Guillermo Stabile hizo el segundo gol a los 37’.En el segundo tiempo Pedro Cea
(57'), Iriarte (68') y Héctor Castro (89') dieron vuelta el trámite y redondearon un
categórico 4-2 favorable a Uruguay.
“Monti lloraba como una magdalena insistiendo en que no saldría a jugar y
menos ahora que íbamos en ventaja. Otros jugadores también se asustaron”
También diría Peucelle, en una columna titulada Perdimos la final, pero fuimos el mejor equipo del mundial, lo siguiente:
“El clima de temor era generalizado. Bouquet, uno de los dirigentes, ya nos
había advertido que si pasaba algo anormal durante el partido nos retiráramos
inmediatamente de la cancha. A decir verdad el clima fue muy hostil. , demasiado pesado. Y no había alambrado olímpico ni nada parecido. El arbitraje
también fue complaciente con los uruguayos”17.
Años después se dijo que las famosas amenazas recibidas por Monti apodado “Doble ancho” por poseer una estructura física que sabía imponer con
rigor a sus adversarios- fueron obra de dos agentes secretos del régimen fascista
italiano, interesado éste en contar a cualquier precio con el jugador en su selección nacional para el Mundial que le correspondería organizar en 1934.
Habían llegado a Montevideo varios meses antes para cumplir una misión especial que les asignaron en Roma en enero de aquel año. Sus nombres reales eran
Luciano Benetti y Marco Scaglia, agentes secretos de las camisas negras del
Duce, Benito Mussolini. La primera parte de su tarea era amenazar de muerte al
futbolista Luis Monti y a su familia. La segunda, impedir que Argentina obtuviera la Copa del Mundo. En ningún momento les dijeron por qué. Ellos tampoco
preguntaron. Esas cosas jamás se preguntaban. Simplemente actuaron, camuflándose entre los uruguayos, indagando, presionando. Diecinueve años después
Scaglia escribió algo parecido a sus memorias, un librito que tituló 'Memorias
de un agente fascista'. Allí contó que las órdenes habían salido de las oficinas de
Benito Mussolini, quien necesitaba que Italia ganara la Copa que se iba a jugar
en 1934 en su país. Para ganarla requería de un jugador que le manejara los
ritmos a la azurra, que le imprimiera carácter. Sus informantes lo convencieron
de que el hombre era Luis Monti, campeón en Argentina con Huracán y San
Lorenzo en 1921, 1923, 1924 y 1927, y medalla de plata en la Olimpíada del 28
con la Selección. Sin embargo, si Monti obtenía la Copa del Mundo del 30 se
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El Gráfico – Libro de colección N° 11 (ya citado).
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