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Dr. MÁXIMO PERCOVICH
Después la misma nota hace hincapié en que también a los jugadores argentinos se les había aconsejado moderar sus ímpetus, deteniéndose puntualmente en
el centrocampista Luis Monti. Este jugador, temperamental y excesivamente
brusco por naturaleza, fue catalogado por muchos como un verdadero cobarde,
dado que ante diversas amenazas recibidas contra él y su familia habría implorado sin éxito para no ser incluido, viéndose finalmente obligado a actuar en
condiciones anímicas totalmente deficientes.
Ahora los hay que se quejan contra Monti. (...) Le pidieron que no golpeara y no
golpeó. Si de ello dependió su fracaso, él cumplió con su deber. (...) Si durante
todo el año protestamos contra el centre half de San Lorenzo de Almagro diciendo que debe reprimir sus naturales impulsos ¿por qué vamos a recriminarlo
cuando juega correctamente? Dígase que no cumplió una buena performance,
pero no se argumente que tuvo miedo, porque eso encarna una infamia. (...)
Todos estábamos de acuerdo en que se podía originar una gresca mayúscula de
cometer Monti alguna acción ilícita. Por eso se le rogó encarecidamente que
evitara los fouls a costa de cualquier sacrificio. (...) Digamos que actuó mal, que
otro en su lugar hubiera hecho tal o cual cosa, pero no le critiquemos porque fue
un caballero en la cancha a costa de ser un deficiente centre half.15
Pero lo ocurrido con Monti es todo un tema en sí mismo, no existiendo aún
la certeza de si los hechos deben ser narrados como parte de la historia o de la
leyenda. Siempre se dijo que previo a la final el jugador recibió amenazas de
muerte que también involucraban a su madre. Esto le habría provocado temores
que lo desequilibraron emocionalmente, y que como ya hemos visto le condujeron a solicitar no ser incluido, aunque no era el único argentino que, por distintas
razones, prefería no participar. Al final Monti jugó, pero como también manifestamos más arriba, en su país se le reprochó abiertamente el no haberse brindado
en la cancha como las circunstancias lo requerían y se le responsabilizó de la
derrota. El propio jugador tampoco consideró necesario esconder la naturaleza de
sus sentimientos.
"Cuando volvimos para jugar el segundo tiempo había como trescientos militares con bayonetas caladas. A nosotros no nos iban a defender. Me di cuenta que
si tocaba a alguien se prendía la pólvora. Entonces les dije a mis compañeros:
'Estoy marcado, pongan ustedes que yo no puedo'. ¿O qué pretendían, que me
convirtiera en héroe por un partido de fútbol?"16.
También en las páginas de El Gráfico, pero en un fascículo de la serie especial El Gráfico y el Mundial publicado en Buenos Aires en mayo de 1977,
aparecen conceptos de Carlos Peucelle refiriéndose al ambiente vivido en los
minutos previos a salir a jugar el segundo tiempo. Peucelle había empatado el
15
16
Ídem.
Diario Marca - España - Declaraciones de Luis Monti (reportaje de J. Carlos Jurado ya citado).
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