El mito del condon.pdf


Vista previa del archivo PDF el-mito-del-condon.pdf


Página 1...25 26 27282941

Vista previa de texto


Si buscamos entre los escritos de moral, nos encontramos en la encíclica Humanae Vitae lo siguiente:
"Queda patente que el uso del sexo tiene un fin altísimo y nobilísimo que no debe desvirtuarse
separándolo de la procreación: es decir, de los actos de suyo aptos para que pueda derivarse una nueva
vida; todo acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida (106). Por eso, más adelante
añade, sería intrínsecamente deshonesto, "Toda acción que en previsión del acto conyugal, o en su
realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio,
hacer imposible la procreación”. (107)
La Iglesia Católica, en un comentario titulado ‘Prevención del SIDA, aspectos de la ética cristiana’, señaló
que ‘buscar la solución al problema del contagio promoviendo el uso de preservativos, significa tomar un
rumbo que no sólo no es muy eficaz desde el punto de vista técnico, sino también y por sobre todo, es
inaceptable desde el punto de vista moral’. Y agrega: ‘La proposición de que una sexualidad de esta
manera es segura, ignora las causas reales del problema, cual es la permisividad que, en la esfera corroe
la fibra moral de la gente. La única manera efectiva de prevención es en un 95% de los casos, abstenerse
de la práctica sexual fuera del matrimonio y del consumo de drogas’.
Éticamente el preservativo separa los dos significados del acto conyugal (unitivo y procreativo) y es, por
tanto, siempre intrínsecamente inmoral. La moral cristiana manda la continencia que consiste en frenar,
moderar y usar rectamente esa fuerza vital que es la sexualidad. A esto se llama castidad. Los jóvenes
están obligados a la castidad para llegar íntegros al matrimonio y los casados deben guardar la castidad
conyugal que consiste fundamentalmente en ser fieles.
En cuanto al uso de los preservativos para evitar las enfermedades, las autoridades deben informar que
no protegen totalmente; existe siempre el riesgo de infección. Los preservativos son un gran negocio,
llenan de dinero los bolsillos de quienes producen a costa de la inmoralidad de la población a la que
inducen al libertinaje. La iglesia no está, ni estará nunca en favor de los "preservativos".
Se acusa a la Iglesia de retrasada porque rechaza las campañas que, para prevenir el SIDA y otras
enfermedades venéreas, promueven el uso del condón como defensa segura. La iglesia nunca aceptará
el uso del condón ni fuera ni dentro del matrimonio. En principio, no deben darse las relaciones sexuales
extra o prematrimoniales (se rechaza con esto la promiscuidad, la prostitución, el homosexualismo y no
sólo el uso del condón). No se permite a los esposos el uso del condón porque se impide la entrega total
de dos personas que deben amarse y se va en contra de los fines del matrimonio que debe estar abierto a
la vida.
Conforme a lo anterior, si el Estado, o quien sea, martillea los oídos de cristianos, con sermones y
campañas que predican lo contrario, banalizando ciertas prácticas, está incidiendo, sin el menor respeto,
en las creencias y en la intimidad. Especialmente el daño se produce con los jóvenes: para los
diseñadores de campañas contra el SIDA no existe ese precepto constitucional de que todos tenemos
derecho a nuestra integridad moral y a la intangibilidad de las conciencias. Los padres son los primeros
educadores de los hijos, y con esas campañas se produce un abuso de poder de las propias
Administraciones frente a los derechos y responsabilidades de los padres, que son pisoteados.(108)
La carta pastoral del arzobispo de Barcelona, cardenal Ricard María Carles, en Marzo de 1999, en la que
criticaba que las campañas oficiales de prevención del SIDA se centren sólo en el uso de condones, dio
lugar a una de esas polémicas que periódicamente se orquestan en torno a la información religiosa. Hay
quien se atrevió a decir que poner en duda la eficacia de estas campañas incurre poco menos que en un
delito contra la salud pública.
Es curioso que sectores que aseguran no hacer caso de las opiniones de los obispos, saltaran y salten
como aves de presa cuando un obispo pretende echar abajo las prédicas a favor del condón que se nos
dirigen machaconamente desde la televisión y las vallas publicitarias. la Iglesia católica considera que
esta publicidad favorece un comportamiento sexual irresponsable.
Las personas que ajustan su conducta sexual a las enseñanzas de la Iglesia abstinencia antes del
matrimonio o fidelidad al cónyuge no infectado tienen una protección natural contra el SIDA y no necesitan
para nada del condón. En cambio, quienes llevan una vida sexual con parejas múltiples y encuentros
esporádicos, es señal de que no siguen los criterios de la moral cristiana, y por lo tanto se supone que no
les debería importar lo que digan los obispos. La Iglesia católica trabaja como nadie para prevenir el SIDA
al promover, una conducta que implica autocontrol y no trivializar el sexo, lo cual aleja el riesgo de
infección. Sin embargo, los que alientan la idea del "a tope", esos no solo no colaboran contra el SIDA
sino que lo promueven. Luego intentan paliar las consecuencias de sus consignas, con el eslogan del
"sexo seguro", presumiendo de responsabilidad.
La vía eficaz de prevención consiste en un esfuerzo educativo para proponer unos criterios sanos de
conducta sexual. La Iglesia católica defiende una concepción del sexo basada en el dominio de sí, la
responsabilidad y el respeto del otro. Se trata también de una prevención coherente. Pues no se puede