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circunstancia, es contraria a las enseñanzas de la Iglesia. "La Iglesia defiende que la castidad y la
fidelidad matrimonial es la mejor manera de evitar el contagio". Preguntado sobre cómo combatir el SIDA
entre prostitutas y homosexuales, monseñor Lozano recordó que la enseñanza de la Iglesia al respecto
sigue siendo la misma "expresada en el sexto mandamiento: no fornicar". Por ello, "la defensa de algunos,
en el interior de la Iglesia, del uso de preservativos, es un hecho totalmente aislado". (...) "Cuando un
obispo se aparta de la forma de pensar del episcopado, está equivocado".
Por otro lado, el profesor Leal Vieira, Presidente da la Asociación Provida-familia, señaló que "el
preservativo bajo ningún punto de vista es un mal menor, la solución está en vivir la monogamia y la
abstinencia sexual". (...) "El preservativo sólo incrementa las enfermedades de transmisión sexual y el
SIDA, ya que su uso es una ruleta rusa". El prestigioso teólogo brasileño Bettencourt explicó que "el
principio del mal menor sólo es válido cuando existen solamente dos opciones y se debe actuar
inmediatamente; pero en el caso de la sexualidad, existe una opción que es la abstinencia sexual".
El Vaticano organiza Congresos sobre el SIDA ; la primera cita en el Vaticano, en 1989, acudieron
investigadores de la talla de Luc Montagnier, diez años después, a finales de 1999, el invitado de honor
fue Peter Piot, director de ONUSIDA. El secretario del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud, el
obispo español José Luis Redrado, anunciaba una colecta especial para los huérfanos del SIDA, y en un
periódico declaraba que "la Iglesia ha sido pionera en la asistencia a los enfermos de SIDA. No sólo hay
catorce documentos del Papa sobre la enfermedad, sino que hace ya más de diez años que yo mismo
viajé a Estados Unidos para visitar el hospital Saint Clarence para enfermos de sida, atendido por Madre
Teresa. Por entonces también los hermanos de San Juan de Dios y muchas casas diocesanas
desempeñaban las mismas tareas en Europa, en India o en África". Acerca de la amoralidad del condón
declaraba que "El preservativo garantiza cierta seguridad pero, frente a lo que mucha gente piensa, no
protege totalmente contra el contagio, como ha subrayado la OMS. Además promueve lo que se intenta
evitar a toda costa: la falsa mentalidad del «sexo seguro». La difusión del preservativo favorece a la vez la
de una cultura proclive a la promiscuidad sexual. La gente se convence de que es posible mantener
relaciones múltiples sin riesgo pero, paradójicamente, las cifras de contagio se están disparando. Desde
luego es más fácil proporcionar un objeto, un preservativo, que educar en una mentalidad madura. Un
utensilio se fabrica, pero educar cuesta más y lleva tiempo".
La Iglesia aporta a la lucha contra el SIDA "un respiro y una esperanza para tantos enfermos que viven
como en un túnel cerrado. Si toda enfermedad es dura, ésta lo es mucho más, porque se multiplica entre
los más pobres, en medio del paro, de la prostitución, la tóxicodependencia o la promiscuidad y ataca a
las personas más frágiles desde el punto de vista de su estilo de vida. Es muy fácil verse rechazado en
estas circunstancias y, cuando a uno ya no le queda nada, la Iglesia permanece. (...) Nosotros
seguiremos acompañando a todos los enfermos y pidiendo a la sociedad y a los medios de comunicación
un cambio de mentalidad que ayude a comprender que la promiscuidad entraña un riesgo mortal y que, lo
mismo que gana espacio la certeza de que es mejor dejar de fumar, por razones de salud, también es
razonable vivir una sexualidad sana y madura.".
La organización autodenominada Católicos por el Derecho a Decidir («Catholics for a Free Choice»)
llevaron a cabo una campaña internacional desde noviembre del 2001 criticando a la Iglesia por su
posición respecto al condón. A pesar de su nombre "católico", el pequeño grupo no tiene relación alguna
con la Iglesia, según explicaron los obispos norteamericanos en mayo del 2000. Ahora bien, el grupo
mantiene relaciones intensas con las organizaciones abortistas que lo fundaron.
La campaña publicitaria fue movida con un gran dispositivo desde el 1 de diciembre del 2001, con
anuncios en las paradas de autobuses y en las estaciones de metro, así como en el Washington Post. Los
anuncios aparecieron también en Canadá, Sudáfrica, Zimbabwe y Kenya. En sus ruedas de prensa,
Católicos por el Derecho a Decidir decían que la oposición de la Iglesia al uso del condón ha causado las
muertes de miles de personas al minar los esfuerzos por detener la transmisión del virus VIH. Su objetivo
es lograr que la presión pública sobre la Iglesia la haga cambiar de posición. Los anuncios transmiten la
impresión de que a la jerarquía de la Iglesia no le importa el problema del Sida. "Los católicos se
preocupan. ¿Lo hacen nuestros obispos?", preguntaba un anuncio del Post.
Los responsables de la Iglesia con rapidez pusieron de manifiesto las inexactitudes de los anuncios. La
portavoz de la archidiócesis de Washington, Susan Gibbs, manifestaba en el Post el 3 de enero del 2002,
que los anuncios "acusan a los obispos de asesinar personas cuando de hecho los obispos abogan por el
único estilo de vida que protege contra el VIH/Sida: la abstinencia fuera del matrimonio monógamo".
La Conferencia Episcopal Católica de Sudáfrica también reaccionó con firmeza contra los anuncios. En un
comunicado de prensa la oficina del Sida de los obispos, hacía notar que, después del Gobierno
sudafricano, la Iglesia católica es la organización que más ayuda ofrece en la prevención del Sida y en
programas de ayuda. Entre junio del 2000 y noviembre del 2001, la oficina del Sida de los obispos ha
llevado a cabo al menos de 116 proyectos. El comunicado de los obispos observaba que hasta el