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Departamento Nacional de Salud sudafricano reconoce que este servicio de asistencia católico,
trabajando a través de las parroquias, es mucho más eficaz para atajar las raíces del problema que la
propia red gubernamental de prevención del Sida y asistencia.
Un portavoz de la conferencia episcopal, el obispo Reginald Cawcutt de Ciudad el Cabo, afirmaba: "La
Iglesia desaprueba el intento de combatir la difusión del Sida repartiendo al por mayor condones a los
adolescentes. Esto significa promover la promiscuidad. Demuestra un pensamiento seriamente confuso.
La Iglesia respalda con firmeza y promueve --como ha hecho durante 2000 años-- la educación basada en
los valores y en los programas de prevención. Son las únicas cosas que al final funcionan".
Por su parte, el Catholic Family and Human Rights Institute constataba en «Friday Fax» el 28 de
diciembre del 2002 que las esperanzas de Católicos por el Derecho a Decidir por causar furor con el tema
se habían apagado. A excepción de algunos artículos de periódico, los medios habían ignorado
ampliamente la campaña de anuncios.
A finales del 2003 el Cardenal López Trujillo hizo unas declaraciones a la BBC que tuvieron amplia
difusión, aunque sólo en los aspectos más controvertidos. Se le atacó mucho al obispo, y el escritor y
periodista Eulogio López 13,10, 03 escribió el siguiente artículo en su publicación digital (109).
"Fariseísmo en la Organización Mundial de la Salud (OMS)"
"El Vaticano afirma que los condones no protegen del sida". Así de contundente se ha mostrado el diario
El Mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de los organismos de la ONU más proclive a
decir tonterías (aunque UNICEF se le adelante en tantas ocasiones), ha acusado a la Iglesia de poner en
peligro vidas humanas. Esto es como acusar a un médico de poner en peligro vidas humanas por extirpar
un tumor.
Para entendernos, ¿ha dicho algo tan grave el cardenal Alfonso López Trujillo, que de él estamos
hablando, cuando afirma que el virus de inmunodeficiencia adquirida puede traspasar el condón, dado
que es "450 veces más pequeños que los espermatozoides y los propios espermatozoides pueden
atravesar la red del condón"?
Pues no, es algo que nadie puede negar, es algo científicamente demostrable. De hecho, la propia
Organización Mundial de la Salud, a través de su portavoz, Fadéla Chaïb, reconoce que el preservativo
falla en un 10% de los casos, pero que la culpa no la tiene el magnífico aparatito, sino quienes lo utilizan,
que son muy torpes. Ya saben: el fallo humano. Y claro, vaya usted a demostrar que el culpable es el
usuario: Como no filmen toda la operación.
En España hay sentencias judiciales en el mismo sentido. Una de ellas, referida al gran logro político de la
ex ministra socialista Matilde Fernández, hoy candidata a la Asamblea de Madrid con Rafael Simancas.
La Audiencia dictaminó que, en efecto, el condón no era seguro frente al sida, y que, por tanto, el
Gobierno debería haber advertido a los abonados a la goma del riesgo que asumen. Es decir, lo mismito
que afirma López Trujillo, para quien las autoridades sanitarias deberían colocar en los condones los
mismos carteles que aparecen en las cajetillas de tabaco advirtiendo del carácter nocivo del producto. Por
cierto, los médicos, y así lo recogió la sentencia de la Audiencia Nacional, también concluían que el virus
del sida tarda en manifestarse varios años: no vaya a ser que parte de los jóvenes que siguieron el
consejo de doña Matilde (ya saben el "Póntelo, pónselo") se encuentren ahora con alguna sorpresita
nacida en los años de la liberación condo-matildista.
Pero el escándalo farisaico no lo inventaron los fariseos, sino la prensa progre. De ahí que a la Iglesia se
le haga culpable de la muerte de 20 millones de personas por el sida. Precisamente a la Iglesia, la
institución no oficial que más tiempo, esfuerzo y dinero dedica a combatir el sida y a apoyar a los 'sidosos'
en el conjunto del planeta.
Porque vamos a ver, a todo esto, qué es lo que propone la Iglesia. La Iglesia propone para evitar el sida la
fidelidad matrimonial y la abstinencia sexual. Es decir, ataca la promiscuidad sexual. Al parecer, el asunto
es gravísimo, tanto como para ser acusado de homicidio colectivo. Veamos: los médicos, y la
Organización Mundial de la Salud, privan a un hipertenso de la comida, a un aquejado de dolencias en el
hígado le recetan abstinencia de alcohol, al tiempo que se empecinan en que nadie consuma tabaco para
evitar el cáncer de pulmón. Todas esas abstinencias son espléndidas. La única abstinencia que, al
parecer, no puede admitirse, ni tan siquiera aconsejarse, es la abstinencia sexual (por cierto, que es más
fácil, dejar de fumar o dejar de copular), algo profundamente reaccionario. Por el contrario, dejar de fumar
es políticamente correcto: lo ha dicho la OMS.
Si cabe, el parangón aún resulta más peligroso, porque la promiscuidad sexual que condena la Iglesia
adquiere tintes dramáticos en el caso de las relaciones homosexuales, que son la principal causa de
transmisión del sida.