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Que quieran inculcarnos y nos digan que ciertas cosas ahora hay que hacerlas con un plástico
de por medio, puede darnos la risa. No deja de resultar ingrato tener que leer unas instrucciones en
ciertos momentos. Parece la tarea de mamporreros que actúan con hombres.
Podríamos imaginarnos un nuevo mandamiento u orden que la OMS hubiera emitido, en el caso de que
hubiera constancia de que el virus VIH puede transmitirse en los besos entre personas. Este
mandamiento diría algo así :"Toda persona enamorada deberá usar este plástico de protección antes de
besar en la boca a su pareja". Nos imaginamos enseguida a las parejas besándose en los jardines
públicos a escondidas, pero "con protección", con algún plástico de por medio, tipo la última bolsa del
supermercado que se tenga a mano. Absurdo.
Si hubiera ese peligro en los besos entre las personas, cualquiera con un poco de sentido común, primero
no besaría a cualquiera, y segundo, comprobarían ambos que no son portadores del VIH, para al final
besarse a gusto. Lo que no permitirían es que nadie instrumentalice sus sentimientos, con normas
ridículas. "Yo no me he casado con una goma" argumentaba una persona.
Igual de absurdo nos parece la condónmanía que ha entrado a ciertas personas. Sólo es en parte
explicable si desunen la relación sexual a la relación amorosa, pues entonces todo se reduce a simple
consumismo y visión hedonista de la vida: se ofrece sexo, consuma sexo, éstas son las normas de uso,
ésta la fecha de caducidad, etc. Quien entienda al hombre así, sabe muy poco de antropología, y quiere
contagiarnos sus planteamientos retrógrados.
Ingrato resulta ser también el condón por el temor residual. El estudio sociológico «Anticoncepción Siglo
XXI», realizado por Gallup (105) bajo la supervisión de un comité de expertos en anticoncepción y en
colaboración con Laboratorios Organon, concluía que respecto al uso del preservativo, el temor principal
para 7 de cada 10 encuestados es una posible rotura, seguido del descontento por la interrupción de la
relación (1 de cada 4) (7 DM, 11-VI-2004).
El estudio se realizó a finales del 2003 con una encuesta a 1.894 personas (75% mujeres con edades
entre 14 y 40 años)

6.6. Inmoral.
En unos años en los que domina la picaresca y el afán del pelotazo, la moral y la ética de las
actuaciones humanas parece que ha quedado en desuso. Algo es bueno en tanto en cuanto me satisface
a corto plazo, siempre que la policía no descubra mi delito, o en cuanto favorece mi economía. Aún así,
las normas morales nos contemplan como esas grandes montañas que se ríen de los humanos, pues
éstos, dedicados a sus prisas y gustos, creen que las montañas dejaron de estar allí.
Alguien dijo que Dios perdona siempre, el hombre a veces, pero la naturaleza nunca. Las leyes morales
no están más que para hacer posible, con su cumplimiento, la felicidad del hombre en su medio.
No es imprescindible considerarse cristiano, pues nos damos cuenta de que también existe una ética de
la naturaleza, una ética ecológica, en base a la cual unos actos pueden considerarse buenos, y otros
malos. La contaminación de un río es éticamente mala, y reciclar o aprovechar la energía solar es bueno.
Los actos entre las personas que facilitan la propagación de una enfermedad son éticamente reprobables.
Los actos entre personas que deshumanizan el sentido de la sexualidad, también son reprobables. Si se
apuesta, por lo tanto, por medidas como la de usar el condón, que no son seguras, y hacen que se
multipliquen los actos peligrosos de propagación del SIDA, y desvirtúan la sexualidad, usando un sentido
de la ética meramente ecológico, debemos decir que es negativo para el hombre.
Otro criterio muy útil de moralidad, al margen de creencias religiosas, sería el considerar si estamos a
favor o no de la monogamia. La poligamia se ha ido reduciendo a medida que las civilizaciones se han
desarrollado, pero lo cierto es que muchos sectores de la población están volviendo a costumbres
sexuales que se creían superadas, volviendo a la poligamia, o a la poligamia alternante. Aquí está por lo
tanto, un criterio más de moralidad, la monogamia. No se puede ser indiferente, son muchos logros
sociales los que se derribarían si la monogamia se dejara optativa; y el logro que ahora estamos
deseando que no sea destruido es el de la salud de las personas, cuestión de vida o muerte: casi nada.
Quien se considere cristiano podría considerar las declaraciones que siguen. Juan Pablo II en la
Conferencia Internacional sobre el SIDA que se celebró en el Vaticano en Noviembre de 1989 dijo:"Es
moralmente ilícito propugnar una prevención del SIDA basada en medios y recursos que violan el sentido
auténtico de la sexualidad, y que son un mero paliativo para un malestar profundo, en el que está en
juego la responsabilidad de los individuos y de la sociedad. Y la recta razón no puede admitir que la
fragilidad humana, en vez de ser motivo para empeñarse más, se traduzca en pretexto para una cesión
que abra la vía a la degradación moral".