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En los EEUU, la recuperación económica se inició ya en los años ’30, a través de políticas de intervención activa del Estado en la economía (subsidios a desocupados y agricultores, grandes obras públicas,
creación de fuentes de trabajo, sistemas de jubilación y protección para los pobres y marginados).
Esta recuperación – tanto de la actividad económica como del nivel de empleo – se completó en la
década del ’40 con la organización del complejo militar-industrial: el Estado planificó la economía y orientó
las inversiones hacia la industria pesada (siderurgia) destinada a producir armamentos. La incesante demanda de mano de obra que generó este crecimiento, llevó a la incorporación al mercado de trabajo, de las
mujeres y los negros, hasta entonces excluidos.
Entre 1939 y 1945, las grandes potencias se involucraron en una segunda Guerra Mundial. Al concluir el
conflicto, la economía europea estaba quebrada: el continente que había sido el centro comercial e industrial
del mundo, el polo más dinámico del capitalismo internacional, había perdido su lugar de privilegio.
Cabe destacar que antes de la finalización del conflicto, por iniciativa de los EEUU, se firmaron los
acuerdos de Bretton Woods (1944), que establecieron las nuevas reglas de juego de la economía mundial
capitalista. Fueron creados el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (también conocido como Banco Mundial), ambos con su sede principal en Washington
y en las cercanías de la Casa Blanca.
El mundo después de la segunda guerra mundial
Del mundo arrasado por la guerra, surgieron dos nuevas potencias hegemónicas, que impusieron su
dominio sobre vastas regiones del planeta: Estados Unidos de América y la Unión de las Repúblicas
Socialistas Soviéticas.
Eran los países que contaban con los recursos económicos y militares más importantes. Su población y
sus extensos territorios les proporcionaban la fuerza de trabajo, las materias primas y las fuentes de energía
necesarias para desarrollar sus industrias.
Norteamericanos y soviéticos, los representantes más notables de dos formas distintas de organización
social y económica (capitalismo y comunismo o socialismo soviético, respectivamente) se lanzaron a ampliar
sus áreas de influencia. El resultado de esta política de expansión fue la división de Europa y del mundo en
dos bloques enfrentados: Occidente y Oriente.
Se llamó Guerra Fría al conflicto que se produjo, luego de la segunda Guerra Mundial, entre el bloque de
países capitalistas, liderado por EEUU, y el bloque de países socialistas, bajo el control de la URSS2 . La
particularidad de este conflicto fue que ambas potencias evitaron enfrentarse directamente en el plano militar,
dado el peligro que representaba la disponibilidad de armamento nuclear. Quedaron así contenidas por el
“equilibrio del terror”. La presencia de una ponía límites a la expansión de la otra.
Una de las estrategias de las potencias consistió en atraer a su zona de influencia a otros países, por
medio de alianzas político-militares o relaciones económico - financieras. En algunas ocasiones, esta forma
de expansión provocó conflictos armados localizados, pero sin que las dos grandes potencias lucharan directamente. (Ejemplos: las guerras de Corea y de Vietnam).
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El Imperio Ruso – con una economía rural atrasada y una industrialización muy limitada – había caído con la Revolución Rusa de
1917. A partir de ella, surgió la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas, que – con la dictadura de Stalin - aplicó una política
autoritaria y una planificación rígida que transformó al país. El socialismo soviético fue durante décadas, una alternativa al sistema capitalista. Después de la finalización de la segunda guerra mundial, ocupó militarmente varios países de Europa oriental y central, y compitió
con los EEUU por la hegemonía mundial.
