1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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decretos de su voluntad acerca de la salvación de los hombres, "para comunicarles los bienes
divinos, que superan totalmente la comprensión de la inteligencia humana".
Confiesa el Santo Concilio "que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser
conocido con seguridad por la luz natural de la razón humana, partiendo de las criaturas";
pero enseña que hay que atribuir a Su revelación "el que todo lo divino que por su naturaleza
no sea inaccesible a la razón humana lo pueden conocer todos fácilmente, con certeza y sin
error alguno, incluso en la condición presente del género humano.
Capítulo II
Transmisión de la revelación divina
Los Apóstoles y sus sucesores, heraldo del Evangelio
7.
7. Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los
hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las
generaciones. Por ello Cristo Señor, en quien se consuma la revelación total del Dios sumo,
mandó a los Apóstoles que predicaran a todos los hombres el Evangelio, comunicándoles los
dones divinos. Este Evangelio, prometido antes por los Profetas, lo completó El y lo
promulgó con su propia boca, como fuente de toda la verdad salvadora y de la ordenación de
las costumbres. Lo cual fue realizado fielmente, tanto por los Apóstoles, que en la
predicación oral comunicaron con ejemplos e instituciones lo que habían recibido por la
palabra, por la convivencia y por las obras de Cristo, o habían aprendido por la inspiración
del Espíritu Santo, como por aquellos Apóstoles y varones apostólicos que, bajo la
inspiración del mismo Espíritu, escribieron el mensaje de la salvación.
Mas para que el Evangelio se conservara constantemente íntegro y vivo en la Iglesia,
los Apóstoles dejaron como sucesores suyos a los Obispos, "entregándoles su propio cargo
del magisterio". Por consiguiente, esta sagrada tradición y la Sagrada Escritura de ambos
Testamentos son como un espejo en que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios, de
quien todo lo recibe, hasta que le sea concedido el verbo cara a cara, tal como es (cf. 1 Jn.,
3,2).
La Sagrada Tradición
8.
8. Así, pues, la predicación apostólica, que está expuesta de un modo especial en los
libros inspirados, debía conservarse hasta el fin de los tiempos por una sucesión continua. De
ahí que los Apóstoles, comunicando lo que de ellos mismos han recibido, amonestan a los
