1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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hombres que tienen derecho a vivir en la sociedad civil según las normas de la fe cristiana.
Ahora bien, donde rige como norma la libertad religiosa, no solamente proclamada
con palabras, y sancionada con leyes, sino también llevada a la práctica con sinceridad, allí,
en definitiva, logra la Iglesia la condición estable, de derecho y de hecho, para una necesaria
independencia en el cumplimiento de la misión divina,independencia reivindicada con la
mayor insistencia dentro de la sociedad por las autoridades eclesiásticas. Y al mismo tiempo
los fieles cristianos, como todos los demás hombres, gozan del derecho civil de que no se les
impida realizar su vida según su conciencia. Hay, pues, una concordancia entre la libertad de
la Iglesia y aquella libertad religiosa que debe reconocerse como un derecho a todos los
hombres y comunidades y sancionarse en el ordenamiento jurídico.
Obligación de la Iglesia
14.
14. La Iglesia católica, para cumplir el mandamiento divino: " Enseñad a todas las
gentes " ( Mt., 28, 19 - 20), debe trabajar denodadamente " para que la palabra de Dios sea
difundida y glorificada " ( 2 Tes., 3,1 ).
Ruega, pues, encarecidamente la Iglesia a todos sus hijos que ante todo eleven
"peticiones, súplicas, plegarias y acciones de gracias por todos los hombres... Porque esto es
bueno y grato ante Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Tim., 2, 1-4).
Por su parte, los fieles en la formación de su conciencia deben prestar diligente
atención a la doctrina sagrada y cierta de la Iglesia. Por la voluntad de Cristo la Iglesia
católica es maestra de la verdad, y su misión consiste en anunciar y enseñar auténticamente la
verdad que es Cristo, y al mismo tiempo declarar y confirmar con su autoridad los principios
de orden que fluyen de la misma naturaleza humana. Procuren además los fieles cristianos,
comportándose con sabiduría ante los de fuera, difundir " en el Espíritu Santo, en caridad no
fingida, en palabras de verdad " ( 2 Cor., 6, 6 - 7), la luz de la vida, con toda confianza y
fortaleza apostólica,incluso hasta el derramamiento de sangre.
Porque el discípulo tienen la obligación grave para con Cristo Maestro de conocer
cada día mejor la verdad que de El ha recibido, de anunciarla fielmente y defenderla con
valentía, excluidos los medios contrarios al espíritu evangélico. A la vez, empero, la caridad
de Cristo le acucia para que trate con amor, prudencia y paciencia a los hombres que viven en
el error o en la ignorancia de la fe. Deben, pues, tenerse en cuenta tanto los deberes para con
Cristo, el Verbo vivificante que hay que predicar, como los derechos de la persona humana y
la medida de la gracia que Dios por Cristo ha concedido al hombre, que es invitado a recibir
y profesar voluntariamente su fe.

Conclusión
15.