1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf


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Las relaciones entre el obispo y los sacerdotes diocesanos deben fundamentarse en la
caridad, de manera que la unión de la voluntad de los sacerdotes con la del obispo haga más
provechosa la acción pastoral de todos. Por lo cual, para promover más y más el servicio de
las almas, sírvase el obispo entablar diálogo con los sacerdotes, aun en común, no sólo
cuando se presente la ocasión, sino también en tiempos establecidos, en cuanto sea posible.
Estén, por lo demás, unidos entre sí todos los sacerdotes diocesanos y estimúlense por
el celo del bien espiritual de toda la diócesis; pensando, por otra parte, que los bienes
adquiridos con ocasión del oficio eclesiástico están relacionados con el ministerio sagrado,
generosamente, según sus medios, socorren las necesidades incluso materiales de la diócesis,
conforme a la indicación del obispo.
Los sacerdotes dedicados a obras supraparroquiales
29.
29. Cooperadores muy próximos del obispo son también aquellos sacerdotes a
quienes él les confía un cargo pastoral u obras de apostolado de carácter supraparroquial, ya
sea para un territorio determinado en la diócesis, ya para grupos especiales de fieles, ya para
un determinado género de acción.
También prestan una obra extraordinaria los sacerdotes que reciben del obispo
diversos encargos de apostolado en las escuelas o en otros institutos similares o asociaciones.
De igual modo, los sacerdotes dedicados a obras supradiocesanas, al realizar excelentes obras
de apostolado, han de ser objeto de solicitud por parte del obispo en cuya diócesis moran.
Los párrocos
30.
30. Cooperadores muy especialmente del obispo son los párrocos, a quienes se confía
como a pastores propios el cuidado de las almas de una parte determinada de la diócesis, bajo
la autoridad del obispo:
En el desempeño de este cuidado los párrocos con sus auxiliares cumplan su deber de
enseñar, de santificar y de regir de tal forma que los fieles y las comunidades parroquiales se
sientan, en realidad, miembros tanto de la diócesis, como de toda la Iglesia universal. por lo
cual colaboren con otros párrocos y otros sacerdotes que ejercen en el territorio el oficio
pastoral ( como son, por ejemplo, los vicarios foráneos, deanes ) o dedicados a las obras de
índole supraparroquial, para que no falte unidad en la diócesis en el cuidado pastoral e
incluso sea éste más eficaz.
El cuidado de las almas ha de estar, además, informado por el espíritu misionero, de
forma que llegue a todos los que viven en la parroquia. Pero si los párrocos no pueden llegar
a algunos grupos de personas, reclamen la ayuda de otros, incluso seglares, para que los
ayuden en lo que se refiere al apostolado.
Para dar más eficacia al cuidado de las almas se recomienda vivamente la vida común
de los sacerdotes, sobre todo de los adscritos a la misma parroquia, lo cual, al mismo tiempo
que favorece la acción apostólica, da a los fieles ejemplo de caridad y de unidad.