1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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suerte que conozcan totalmente la doctrina de la Iglesia y aprendan teórica y prácticamente
las leyes psicológicas y las disciplinas pedagógicas.
Esfuércense también en restablecer o mejorar la instrucción de los catecúmenos
adultos.
Deber de santificar que tienen los obispos
15.
15. En el ejercicio de su deber de santificar, recuerden los obispos que han sido
tomados de entre los hombres, constituidos para los hombres en las cosas que se refieren a
dios para ofrecer los dones y sacrificios por los pecados. Pues, los obispos gozan de la
plenitud del sacramento del orden y de ellos dependen en el ejercicio de su potestad los
presbíteros, que, por cierto, también ellos han sido consagrados sacerdotes del Nuevo
Testamento para ser próvidos cooperadores del orden episcopal, y los diáconos, que,
ordenados para el ministerio, sirven al pueblo de Dios en unión con el Obispo y su
presbiterio. Los obispos, por consiguiente, son los principales dispensadores de los misterios
de Dios, los moderadores, promotores y guardianes de toda la vida litúrgica en la Iglesia que
se les ha confiado.
Trabajen, pues, sin cesar para que los fieles conozcan plenamente y vivan el misterio
pascual por la Eucaristía, de forma que constituyan un cuerpo único en la unidad de la
caridad de Cristo, "atendiendo a la oración y al ministerio de la palabra " ( Act., 6,4 ),
procuren que todos los que están bajo su cuidado vivan unánimes en la oración y por la
recepción de los Sacramentos crezcan en la gracia y sean fieles testigos del Señor.
En cuanto santificadores, procuren los obispos promover la santidad de sus clérigos,
de sus religiosos y seglares, según la vocación peculiar de cada uno, y siéntanse obligados a
dar ejemplo de santidad con la caridad, humildad y sencillez de vida. Santifiquen sus iglesias,
de forma que en ellas se advierta el sentir de toda la Iglesia de Cristo. Por consiguiente,
ayuden cuanto puedan a las vocaciones sacerdotales y religiosas, poniendo interés especial en
las vocaciones misioneras.
Deber que tienen los obispos de regir y apacentar
16.
16. En el ejercicio de su ministerio de padre y pastor, compórtense los obispos en
medio de los suyos como los que sirven, pastores buenos que conocen a sus ovejas y son
conocidos por ellas, verdaderos padres, que se distinguen por el espíritu de amor y
preocupación para con todos, y a cuya autoridad, confiada por Dios, todos se someten
gustosamente. Congreguen y formen a toda la familia de su grey, de modo que todos,
conscientes de sus deberes, vivan y obren en unión de caridad.
Para realizar esto eficazmente los obispos, " dispuestos para toda buena obra " ( 2
Tim., 2,21 ) y " soportándose todo por el amor de los elegidos " ( 2 Tim., 2,10 ), ordenen su
vida y forma que responda a las necesidades de los tiempos.
