1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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Capítulo II
Los obispos con relación a las iglesias particulares o diócesis
I. Los obispos diocesanos
Noción de diócesis y oficio de los obispos en ella
11.
11. La diócesis es una porción del Pueblo de Dios que se confía a un Obispo para que
la apaciente con la cooperación del presbiterio, de forma que unida a su pastor y reunida por
él en el Espíritu Santo por el Evangelio y la Eucaristía, constituye una Iglesia particular, en la
que verdaderamente está y obra la Iglesia de Cristo, que es una, santa, católica y apostólica.
Cada uno de los obispos a los que se ha confiado el cuidado de cada Iglesia particular,
bajo la autoridad del Sumo Pontífice, como sus pastores propios, ordinarios e inmediatos,
apacienten sus ovejas en el nombre del Señor, desarrollando en ellas su oficio de enseñar, de
santificar y de regir. Ellos, sin embargo, deben reconocer los derechos que competen
legítimamente a los patriarcas o a otras autoridades jerárquicas.
Los obispos deben dedicarse a su labor apostólica como testigos de Cristo delante de
los hombres, interesándose no sólo por los que ya siguen al Príncipe de los Pastores, sino
consagrándose totalmente a los que de alguna manera perdieron el camino de la verdad o
desconocen el Evangelio y la misericordia salvadora de Cristo, para que todos caminen " en
toda bondad, justicia y verdad " ( Ef., 5,9 ).
Deber que tienen los obispos de enseñar
12.
12. En el ejercicio de su ministerio de enseñar, anuncien a los hombres el Evangelio
de Cristo, deber que sobresale entre los principales de los obispos, llamándolos a la fe con la
fortaleza del Espíritu o confirmándolos en la fe viva. Propónganles el misterio íntegro de
Cristo, es decir, aquellas verdades cuyo desconocimiento es ignorancia de Cristo, e
igualmente el camino que se ha revelado para la glorificación de Dios y por ello mismo para
la consecución de la felicidad eterna.
Muéstrenles, asimismo, que las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas,
por la determinación de Dios Creador, se ordenan también a la salvación de los hombres y,
por consiguiente, pueden contribuir mucho a la edificación del Cuerpo de Cristo.
