1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

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mundo contemporáneo, debe ser un miembro acomodado a la sociedad de su tiempo y a la
cultura de su condición.
Ante todo, el seglar ha de aprender a cumplir la misión de Cristo y de la Iglesia,
viviendo de la fe en el misterio divino de la creación y de la redención movido por el Espíritu
Santo, que vivifica al Pueblo de Dios, que impulsa a todos los hombres a amar a Dios Padre,
al mundo y a los hombres por El. Esta formación debe considerarse como fundamento y
condición de todo apostolado fructuoso.
Además de la formación espiritual, se requiere una sólida instrucción doctrinal,
incluso teológica, ético-social, filosófica, según la diversidad de edad, de condición y de
ingenio. No se olvide tampoco la importancia de la cultura general, juntamente con la
formación práctica y técnica.
Para cultivar las relaciones humanas es necesario que se acrecienten los valores
verdaderamente humanos; sobre todo, el arte de la convivencia fraterna, de la cooperación y
del diálogo.
Pero ya que la formación para el apostolado no puede consistir en la mera instrucción
teórica, aprendan poco a poco y con prudencia desde el principio de su formación, a verlo,
juzgarlo y a hacerlo todo a la luz de la fe, a formarse y perfeccionarse a sí mismos por la
acción con los otros y a entrar así en el servicio laborioso de la Iglesia. Esta formación, que
hay que ir complementando constantemente, pide cada día un conocimiento más profundo y
una acción más oportuna a causa de la madurez creciente de la persona humana y por la
evolución de los problemas. En la satisfacción de todas las exigencias de la formación hay
que tener siempre presente la unidad y la integridad de la persona humana, de forma que
quede a salvo y se acreciente su armonía y su equilibrio.
De esta forma el seglar se inserta profunda y cuidadosamente en la realidad misma del
orden temporal y recibe eficazmente su parte en el desempeño de sus tareas, y al propio
tiempo, como miembro vivo y testigo de la Iglesia, la hace presente y actuante en el seno de
las cosas temporales.
A quiénes pertenece formas a otros para el apostolado
30.
30. La formación para el apostolado debe empezar desde la primera educación de los
niños. Pero los adolescentes y los jóvenes han de iniciarse de una forma peculiar en el
apostolado e imbuirse de este espíritu. Esta formación hay que ir completándola durante toda
la vida, según lo exijan las nuevas empresas. Es claro, pues,que a quienes pertenece la
educación cristiana están obligados también a dar la formación para el apostolado.
En la familia es obligación de los padres disponer a sus hijos desde la niñez para el
conocimiento del amor de Dios hacia todos los hombres, enseñarles gradualmente, sobre todo
con el ejemplo, la preocupación por las necesidades del prójimo, tanto de orden material
como espiritual. Toda la familia y su vida común sea como una iniciación al apostolado.
Es necesario, además, educar a los niños para que, rebasando los límites de la familia,
abran su alma a las comunidades, tanto eclesiásticas como temporales. Sean recibidos en la
comunidad local de la parroquia, de suerte que adquieran en ella conciencia de que son
miembros activos del Pueblo de Dios. Los sacerdotes, en la catequesis y en el ministerio de la
