1965 12 07, Concilium Vaticanum II, Constitutiones Decretaque Omnia, ES (1).pdf

Vista previa de texto
palabra, en la dirección de las almas y en otros ministerios pastorales, tengan presente la
formación para el apostolado.
Es deber también de las escuelas, de los colegios y de otras instituciones dedicadas a
la educación, el fomentar en los niños los sentimientos católicos y la acción apostólica. Si
falta esta formación porque los jóvenes no asisten a esas escuelas o por otra causa, razón de
más para que la procuren los padres, los pastores de almas y las asociaciones apostólicas.
Pero los maestros y educadores, que por su vocación y oficio ejercen una forma
extraordinaria del apostolado seglar, han de estar formados en la doctrina necesaria y en la
pedagogía para poder comunicar eficazmente esta educación.
Los equipos y asociaciones seglares, ya busquen el apostolado, ya otros fines
sobrenaturales, deben fomentar cuidadosa y asiduamente, según su fin y carácter, la
formación para el apostolado. Ellas constituyen muchas veces el camino ordinario de la
formación conveniente para el apostolado, pues en ellas se da una formación doctrinal
espiritual y práctica. Sus miembros revisan, en pequeños equipos con los socios y amigos, los
métodos y los frutos de su esfuerzo apostólico y examinan a la luz del Evangelio su método
de vida diaria.
Esta formación hay que ordenarla de manera que se tenga en cuenta todo el
apostolado seglar, que ha de desarrollarse no sólo dentro de los mismos grupos de las
asociaciones, sino en todas las circunstancias y por toda la vida, sobre todo profesional y
social. Más aún, cada uno debe prepararse diligentemente para el apostolado, obligación que
es más urgente en la vida adulta, porque avanzando la edad, el alma se abre mejor y cada uno
puede descubrir con más exactitud los talentos con que Dios enriqueció su alma y aplicar con
más eficacia los carismas que en el Espíritu Santo le dio para el bien de sus hermanos.
Adaptación de la formación a las varias formas de apostolado
31.
31. Las diversas formas de apostolado requieren también una formación conveniente.
a) Con relación al apostolado de evangelizar y santificar a los hombres, los laicos han
de formarse especialmente para entablar diálogo con los otros, creyentes o no creyentes, para
manifestar directamente a todos el mensaje de Cristo.
Pero como en estos tiempos se difunde ampliamente y en todas partes el materialismo
de toda especie, incluso entre los católicos, los laicos no sólo deben aprender con más
cuidado la doctrina católica, sobre todo en aquellos puntos en que se la ataca, sino que han de
dar testimonio de la vida evangélica contra cualquiera de las formas del materialismo.
b) En cuanto a la instauración cristiana del orden temporal, instrúyense los laicos
acerca del verdadero sentido y valor de los bienes materiales, tanto en sí mismos como en
cuanto se refiere a todos los fines de la persona humana; ejercítense en el uso conveniente de
los bienes y en la organización de las instituciones, atendiendo siempre al bien común, según
los principios de la doctrina moral y social de la Iglesia. Aprendan los laicos, sobre todo, los
principios y conclusiones de la doctrinal social, de forma que sean capaces de ayudar, por su
parte, en el progreso de la doctrina y de aplicarla rectamente en cada caso particular.
c) Puesto que las obras de caridad y de misericordia ofrecen un testimonio magnífico
de vida cristiana, la formación apostólica debe conducir también a practicarlas, para que los
