ECFeb14Mag.pdf

Vista previa de texto
L
FILIPENSES 2.1-11
a humildad se caracteriza por una
actitud que no busca su propia exaltación o reivindicación. Esta cualidad no
se encuentra, sin duda, en todo el mundo.
Pero en el reino de Dios, es un atributo
esencial que deben tener los seguidores
de Cristo.
La vida de Jesús es el ejemplo perfecto
de lo que significa ser “humilde”. Para
convertirse en hombre, dejó la gloria, la
majestad y el poder que eran suyos en el
cielo. El Señor se vació voluntariamente a
sí mismo —así como se vacía un vaso de
agua— y por el propósito de servirnos se
privó de todo lo que tenía con su Padre.
Pero no solamente eso, como hombre, Jesús adoptó el papel de un siervo
humilde. Se sometió a sí mismo por amor
al plan de su Padre, y renunció incluso a
sus derechos terrenales para rescatarnos
del pecado. Soportó críticas, el ridículo, la
incredulidad, y finalmente, la crucifixión
para ayudarnos.
Su humildad no tuvo límites. Se humilló
delante del Padre para convertirse en el
Cordero de Dios, y lo hizo a la vista de
todo el mundo, aunque fue tildado de criminal y condenado injustamente. Su vida
demuestra la importancia de ser humilde,
y nos da un modelo claro a seguir.
Los discípulos no entendieron esto sino
después, ya que no esperaban un Mesías
en forma de un siervo. Los líderes del
mundo se sintieron amenazados porque
el llamado de Jesús de seguir su estilo de
vida no les daría la importancia que ellos
deseaban. Las multitudes estaban desconcertadas porque no entendían el peligro
del orgullo, pero el Padre vio la mansedumbre de Jesús, y quedó agradado.
¿Qué actitud ve Dios cuando nos ve?
VI E
J UE
27
El modelo de
humildad
28
La humildad en la
vida del creyente
M AT E O 1 1 . 2 8 - 3 0
J
esús vivió sus días terrenales con
un espíritu humilde, y enseñó que
también debemos demostrar humildad.
A los ojos de Dios, quienes se vuelven
como niños son honrados (Mt 18.4);
quien desee ser el primero, debe tomar
el último lugar (Mr 9.35); y el servicio
humilde es una señal de elevación (Mt
23.11). Con sus enseñanzas, nuestro
Salvador cambió la definición de grandeza. En el cielo, la mansedumbre es un
atributo de honra.
La humildad no se origina automáticamente en las personas que tienen pocas
posesiones materiales, o en quienes
se desprenden de lo que tienen. Una
persona rica puede ser modesta, y una
persona pobre ser orgullosa. El éxito no
tiene que llevar al orgullo, ni tampoco la
derrota significa humildad. Lo que determina la humildad es la actitud. El Señor
Jesús promete a los que se humillan, que
serán enaltecidos por su Padre celestial.
Pero advierte que quienes se pongan en
primer lugar encontrarán la oposición de
Dios (Stg 4.6).
Al reconocer que no podemos lograr
nada en la vida sin el Señor habremos
comenzado a recorrer el camino de la humildad. Cuando renunciemos a nuestros
planes y aceptemos los del Padre celestial estaremos dejando atrás el orgullo.
Si somos malinterpretados o tratados
injustamente, pero seguimos donde
estamos hasta que el Señor nos diga que
hablemos o actuemos, habremos entonces comenzado a vivir con la humildad
que agrada a nuestro Salvador.
El Señor Jesús ofrece ser nuestro Gran
Maestro para que podamos aprender las
virtuosas lecciones de la humildad.
E N C O N T A C T O . O R G 45
