FEMINISMO PARA NO FEMINISTAS.pdf

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Feminismo Para No Feministas DEF:Maquetación 1
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bosque es ahora suyo, y antes, desde el origen de los tiempos hasta hace unos
pocos días, no era de nadie. El bosque antes no era de nadie y era de todos,
sobre todo de todas, de las mujeres de la zona que acudían casi de diario a él
a obtener todo tipo de plantas medicinales, ramas para leña, variados frutos
silvestres, pasto del monte bajo para las cabras, forraje de hojas de fresno
para las vacas, rica tierra para hacer los semilleros, agua de las fuentes que
un bosque sano siempre deja aflorar, refugio espiritual para momentos de
crisis, refugio para la meditación, refugio de juego para niñas y niños... El
Funcionario del Estado Indio ha vendido por muy pocos dólares al
Funcionario del Banco Mundial este denso bosque que durante milenios ha
dado incesantemente todo tipo de riquezas, riquezas no puestas en cifras
económicas, sino riquezas de las reales como son el alimento, el pasto, el
forraje, la leña, las aguas, la materia para artesanía, las medicinas, el cobijo,
el refugio espiritual y el sitio de juego y sueño. A su vez el Funcionario del
Banco Mundial ha vendido este mismo bosque por unos cuantos dólares al
Empresario californiano. Y así, entre cada transacción, unos y otros se van
quedando unos cuantos billetes entre las manos. Pero los billetes no se comen,
tampoco se beben, y estos hombres, atragantados por sus corbatas, las reales
y las mentales, hace mucho que han olvidado la base de la economía real. Y
en el seno de este bosque, de pronto, como un cáncer que no avisa, han
aparecido estos tres señores de negro por mucho que dos vistan de tonos
claros. Y donde antes había mujeres bullentes, afanosas y vestidas de sanos
vestidos de sanos tintes de colores, ahora se agarra esta metástasis dineraria
y capitalistilla apoyada irresponsablemente por varios hombres indios que
han perdido su sabiduría y que serán quienes tengan que hacer el trabajo
sucio y embrutecedor de talar los fresnos. Son indios morenos, delgados y
vestidos con la vestimenta típica de los hombres, el calor y la India: el dhoti,
un trozo de tela atado a la cintura y los riñones a modo de pantalón. Ya han
talado un par de fresnos que yacen sangrantes. La savia del fresno tiñe el
suelo del escenario. Debería elaborarse, no sé muy bien cómo, un fluido
viscoso y de un verde resplandeciente, casi fosforito, que evocara dicha savia.
El Empresario californiano, el Funcionario del Banco Mundial y el
Funcionario del Estado indio parlotean entre sí ajenos al verde sufriente
y de ira que tiñe el suelo. Nada sagrado existe para ellos, ni siquiera nada
digno de respeto. Tocan los troncos de los árboles orgullosos por la buena
compra y por la buena venta, el Empresario del Banco Mundial saca una
navaja y hace una cuña a uno de los fresnos para que el Empresario
californiano pueda disfrutar del aroma de la savia fresca, ese mismo
aroma que desaparecerá nada más se pinten e impermeabilicen las tablas
de surf. Conversan, toquetean los fresnos y observan curiosos, aburridos
y nerviosos, respectivamente, el trabajo de varios leñadores que tras la
breve pausa de la comida ya se disponen a cumplir con el encargo.
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