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UNIDAD II: Cultura y Socialización
bofetada, y especialmente en el lenguaje. Creía que el surgimiento del yo interior comienza con la
etapa preverbal del desarrollo y se acelera a medida que el niño aprende a hablar.
Observando las conductas de los niños, Mead identificó dos etapas en el surgimiento del yo
interior: la etapa animista de juego y la etapa de juego social. El énfasis del argumento de Mead
está en el desarrollo de la cooperación social.
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Etapa animista de juego: los niños juegan a ser diferentes personas: mamá, papá, el
cartero, etc. Imitan su forma de hablar y sus actividades. Pretendiendo ser otras personas,
los niños adquieren experiencia sustitutiva de diferentes perspectivas. Lo que el niño hace
es tomar el rol del otro, colocándose él mismo en los zapatos de otras personas. En el
proceso, los niños aprenden a través de los ojos de otras personas. Es solamente cuando
pueden imaginar que otras personas tienen diferentes necesidades y propósitos, gustos y
disgustos, que empiezan a adquirir un sentido de sí mismos como personas distintas. La
mayor parte de su experiencia en esta etapa es con personas particulares (su propia
madre, los niños de su salón, etc.).
Etapa de juego social: los niños no sólo interpretan los papeles, sino realmente participan
en relaciones recíprocas con otros. Mead creía que los niños interiorizan el conocimiento
en la forma de un otro generalizado, una imagen de la estructura y de las normas y valores
de la sociedad en conjunto. Como una parte integral del yo interior, el otro generalizado
guía la conducta en direcciones socialmente aceptables.
Aunque Mead creía que el yo interior es producto de la interacción social, no percibía al individuo
como un autómata social, que sigue las reglas sociales insensatamente. Mead distinguió entre:
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“Mi”: el yo socializado que se compone de normas y valores y que está siempre consciente
de su reflejo social.
“Yo”: el yo impulsivo, creativo, egocéntrico.
Semejanzas de la teoría de Mead con la de Freud: el “yo” se asemeja al id (ello); el “mi” se
asemeja al ego (yo) y al superego (superyó). Sin embargo, hay diferencias importantes:
FREUD
COOLEY Y MEAD
Percibió al id y al superego como oponentes trabados en una
batalla que nunca termina.
Mead interpretaba al “yo” y al “mi” como
colaboradores.
Para Freud la civilización (y la socialización) inevitablemente
produce descontento.
Para Mead la relación entre el individuo y la sociedad
en una relación de cooperación, no de conflicto.
Freud vio que la personalidad se fijaba más o menos en los
primeros años del niño.
Cooley y Mead vieron que el yo interior
continuamente se modifica en respuestas a las
circunstancias sociales cambiantes.
De esta perspectiva sociológica la socialización no es un proceso pasivo. Más bien es una acción en
comunidad, por medio de la cual los niños negocian, comparten y ayudan a crear cultura con los
adultos y los pares.
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Richard Gelles y Anne Levine
